Albania: 25 años después de la caída del comunismo

ÇELIK RRUPLLI

Albania es un pequeño país del sudeste europeo, en los Balcanes occidentales. La población es de aproximadamente tres millones de residentes, y más de un millón viven en el extranjero, sobre todo en Italia y en Grecia. Después de la segunda Guerra Mundial, Albania vivió bajo el régimen estalinista de Enver Hoxha, uno de los dictadores más crueles de la Europa moderna.

La caída del muro de Berlín en 1989 fue percibida como una necesidad de cambiar en otros países del este de Europa; en algunos casos acabaron abruptamente, como el régimen de Ceaucescu en Rumanía.

En Albania, también. El establishment del régimen comunista, que poseía información sobre la situación de Rumanía con Ceaucescu, gestionó de diferente manera las protestas estudiantiles que se sucedieron de 1990 a 1992 para evitar así un fin brutal del régimen en el país.

Así, en vez de ser reemplazado por jóvenes estudiantes, el establishment dialogó y consensuó con ellos la necesidad de un “cambio progresivo”, situando en instituciones clave personas afines a los jerarcas. En 1990 se introdujeron medidas liberalizadoras tanto en la esfera política como económica, con concesiones en ámbitos como la libertad religiosa, la justicia y la posibilidad de expatriación, y se aceptaron, al final del año, los principios de multiplicidad de partidos, elecciones libres y propiedad privada, introduciendo cambios en la Constitución[1].

Sin embargo, el éxito de la transición dependió, sobre todo, de la rápida puesta en marcha de mecanismos institucionales, legales, microeconómicos y macroeconómicos que llevaron al desarrollo y crecimiento del nuevo sector privado, tanto en el ámbito doméstico como en el internacional[2].

 

El primer reto: crear instituciones democráticas

El cambio de un sistema político por una “nueva” élite política, formada en y acostumbrada a la ideología marxista-leninista en un país aislado, los condujo rápidamente a la globalización. No había tradición de separar estado y partido, y no había tampoco instituciones estatales fuertes que fueran independientes. La élite política no tenía experiencia efectiva en la administración del estado y, en última instancia, fue incapaz de establecer nuevas estructuras eficientes y efectivas[3].

El Partido Demócrata (PD) y el Partido Socialista (PS) son los dos partidos que han gobernado el país en veinticinco años. Del 1992 al 1997, el PD tiene una amplia mayoría parlamentaria y gestiona la agenda política unilateralmente. Por ello, los mecanismos de control (check and balances) fallaron.

Dada la ausencia de un sistema bancario, compañías privadas asumieron su papel y construyeron un sistema piramidal donde cientos de miles de albaneses depositaron sus ahorros. Cuando este sistema colapsó, en 1997, la ciudadanía perdió más de 10.000 millones de dólares y el país quedó a la deriva, viviendo una situación de anarquía durante un par de meses. Con la intervención de la comunidad internacional se restableció el orden y en junio de 1997 el Partido Socialista ganó las elecciones. En 1998, Albania adoptó una nueva constitución que abrazaba los valores de la Unión Europea bajo la forma de una república parlamentaria.

 

El proceso de europeización

Las tendencias autoritarias del gobierno durante los primeros tiempos de la transición democrática, así como un clima político polarizado, con una clara falta de cooperación entre los partidos a la hora de consensuar las principales reformas, hicieron que el proceso fuera aún más difícil y complicado[4].

Todos estos motivos llevaron a que la sociedad albanesa[5] apoyara fuertemente la implicación de la Unión Europea en los asuntos internos del país, a sabiendas que el acceso a la UE suponía serios límites a su soberanía. Sin embargo, se veía que la UE tenía instituciones comunes y mecanismos de toma de decisión. Por ello, tanto los partidos de izquierdas como los de derecha consideraron el acceso a la UE como la cuestión prioritaria de la política exterior albanesa; los grupos políticos euroescépticos son residuales.

En 2003, Albania firmó el Acuerdo de Asociación y Estabilización (AAE) con la UE para poder cumplir con los criterios de Copenhague. El AAE tuvo una gran importancia para que Albania avanzase en el proceso reformador, sobre todo en la creación de instituciones democráticas.

En 2008, Albania fue invitada formalmente a unirse a la OTAN, y el primero de abril de 2009, se convirtió en miembro de la alianza. Cabe decir que conseguir ingresar en esta institución se había considerado el hito más importante en la política exterior de la Albania postcomunista.

El mismo año, Albania presentó formalmente su petición para ser miembro de pleno derecho de la Unión Europea, aunque el país claramente no cumplía todos los criterios necesarios[6]. En 2010, el país se unió al espacio Schengen.

Las instituciones europeas (la Comisión y el Consejo europeos) rechazaron durante un par de años que Albania se convirtiera en país candidato dado que no cumplía una serie de criterios, lo que en Albania se llamaban las “cinco prioridades”:

  • La lucha contra la corrupción.
  • La lucha contra el crimen organizado.
  • La reforma del sistema de justicia.
  • Una administración pública profesional y despolitizada.
  • La protección y el respeto a los derechos humanos.

Estos son, de hecho, los principales retos para que Albania continúe su camino hacia la integración europea.

 

Preocupaciones domésticas y la prospectiva europea

Albania tiene una danza típica folklórica donde las personas se agarran por la mano y, siguiendo la música, se mueven a pasos: un paso adelante y dos pasos atrás.

En lo que respecta al proceso de integración europea, Albania parece seguir el mismo movimiento. Después de acceder a la OTAN, al espacio Schengen y de haber presentado la candidatura a ser miembro de pleno derecho, Albania dio pasos atrás en las cinco prioridades marcadas por las instituciones europeas.

En enero de 2011, Dritan Prifti, antiguo ministro de Economía, Comercio y Energía, filmó a su colega, Ilir Meta, viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores[7], mientras negociaban la concesión de un negocio a unos amigos a cambio de un porcentaje de la operación. La grabación se visionó en un programa de televisión. La protesta, dirigida por el Partido Socialista en la oposición, degeneró en violencia. La guardia nacional disparó a los manifestantes, matando a cuatro y dejando heridos a muchos más.

Hubiese sido el momento perfecto para que Albania pudiese dar pruebas de sus avances en el respeto a los derechos humanos, la libertad de expresión, la independencia institucional y los principios democráticos. Sin embargo, cuando se estableció una tentativa de investigación para determinar la responsabilidad de los asesinos, el anterior primer ministro Berisha acusó al fiscal general, a los periodistas, al presidente de la República y al líder de la oposición de planear un golpe de estado.

Cuando se rebajó la importancia del caso de corrupción, al considerar que los “hechos y las pruebas no eran ciertas”, se demostró a la opinión pública que el poder judicial estaba totalmente politizado.

Las elecciones de junio de 2013 trajeron al poder al Partido Socialista y Edi Rama se convirtió en el primer ministro de Albania, aliándose con el tercer partido político, el MSI de Meta.

Albania continúa progresando en el fortalecimiento de sus instituciones democráticas y el Estado de derecho. En 2014, la UE finalmente le reconoce el estatuto de país candidato y en 2016 la Comisión Europea recomienda el comienzo de las negociaciones de acceso, poniendo como condición que se implementen las reformas judiciales que se habían aprobado recientemente. Tanto expertos europeos como estadounidense ayudaron en el establecimiento, selección y supervisión de un nuevo cuerpo judicial.

El gobierno Rama ha llevado a cabo algunas reformas substanciales en diferentes sectores: sistema de bienestar, educación, energía, reforma del gobierno local… Se ha conseguido un crecimiento económico de más del 2% del PIB en 2016 y la deuda pública está bajo control.

Todavía se mantiene el problema crítico de la colusión entre el sistema privado y los intereses gubernamentales. Las instituciones judiciales albanesas continúan sufriendo de injerencias políticas y de inestabilidad financiera. En lo referente a la libertad de expresión, los medios están habitualmente considerados políticamente partidistas y los periodistas siguen sujetos a intimidación y juicios.

El respeto por los derechos humanos ha mejorado bastante en los últimos años y se va aproximando a los estándares europeos.

En cuestiones políticas, el mayor problema de Albania es la abrupta división que existe entre la derecha y la izquierda postcomunista, al mismo tiempo que se mantienen las tendencias autoritarias de los políticos. La falta de acuerdo entre las principales fuerzas políticas en reformas cruciales ha paralizado la acción política frecuentemente, y retrasado el progreso.

La élite política, como sucedía en los primeros años de la década de los noventa, sin cambios substanciales, parece no poder entender ni hacer frente a los problemas reales de la sociedad.

La sociedad albanesa, que concedió en dos ocasiones una amnistía al establishment político, en 1991 y 1997, no está dispuesta a darles una nueva oportunidad en caso de que se sigan postergando las reformas necesarias para avanzar hacia estándares europeos. La Rumanía de hoy sería otra vez un buen ejemplo en lo referente a corrupción.

[1] Mario Ganino, La Costituzione albanese del 1998: alla ricerca dell’Europa, Turín, Giappichelli, 1999, p. 24.
[2] Marie LAVIGNE, “Ten Years of Transition: A Review Article”, Communist and Post-Communist Studies, núm. 33, 4 de diciembre de 2000, pp. 475-483.
[3] Mariola Qesaraku y Besnik Baka, “Security sector reform in Albania: Challenges and failures since the collapse of communism”, 2012, pp. 09, www.idmalbania.org
[4] Attila Ágh, “Processes of democratization in the East Central European and Balkan states: sovereignty-related conflicts in the context of Europeanization”, Communist and Post-Communist Studies, septiembre de 1999, pp. 263-279.
[5] Según encuestas anuales, alrededor del 90% de los albaneses apoya la pertenencia del país a la UE.
[6] Celik Rruplli, “La Commissione europea boccia la candidatura dell’Albania all’UE”, Albania News, 10 de noviembre de 2010, http://www.albanianews.it/notizie/europe/item/1473-commissione-boccia-albania[7] En las elecciones de 2009, ninguno de los dos partidos mayoritarios consiguieron la mayoría suficiente (71) para formar gobierno, y el partido de izquierdas, Movimiento Socialista para la Integración (MSI), que quedó tercero, se alió con el derechista Partido Demócrata. Ambos, Meta y Prifti, son miembros del MSI.

 

Çelik Rruplli tiene estudios de ciencia política y relaciones internacionales. Miembro del foro EUPolicy Hub. Trabaja en organizaciones civiles de Albania. (@celikso)
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