António Guterres: ser o no ser un game changer en la ONU

CONSTANÇA MARTINS DA CUNHA

Vivimos en un mundo cada vez más imprevisible, dónde el caos es el rey. Vivimos en un mundo de vilanos, dónde cada vez menos hay espacio para héroes. Así que, cúando hay alguien como António Guterres que es elegido Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, por un proceso transparente y que además prueba que el mérito al final puede tener un lugar en la política, nuestros corazones se llenan y se iluminan de un sentimiento que ya casi nunca sentimos – la esperanza.

No lo digo por António Guterres compartir la misma nacionalidad que yo, ni tampoco por pensar que es un santo que va a salvar el planeta. No. No es un santo pero aunque, en mi opinión, no haya sido un Primer Ministro brillante, tiene la experiencia, los valores y el perfil indicados para que pueda cambiar algo para mejor y dejar una huella generadora de continuidad. Aun así, salvar el mundo no es una tarea para un solo hombre. Será difícil y complicado para el nuevo Secretario General de la ONU hacer algo que tenga consecuencias concretas cuando el poder que tiene en sus manos vale poco si lo comparamos con lo que tienen los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Por lo tanto, el suceso de Guterres dependerá prácticamente de su capacidad de poner en la agenda de la organización su propia agenda y también de su habilidad para seguir jugando en un viciado tablero de ajedrez. Ser o no un game changer es una decisión personal que Guterres deberá tomar, sin olvidarse que la Historia nos enseña que, muchas veces, las revoluciones empiezan así mismo: con un solo hombre.

Guterres es un líder conciliador qué mismo antes de haber logrado la elección ya había conseguido la gran victoria de unir Portugal al alrededor de su candidatura. Desde la diplomacia portuguesa – que ha tenido un papel indiscutiblemente importante en todo el proceso – hasta a las mayores figuras del Estado y del Gobierno, a la Iglesia e incluso a todos los partidos políticos, Guterres ha dicho a todos la palabra cierta – como que un abracadabra adaptado a los públicos – y ha tenido la capacidad de movilizar las elites de una nación entera. Esa fue probablemente su primera mayor conquista en todo el proceso. Todos sabemos que nuestros peores críticos y enemigos están cerca y no lejos. Y todos sabemos también cómo puede ser difícil convencer enemigos de luchas pasadas a darnos su apoyo en el presente. Esa fue su conquista decisiva. Una conquista que le permitió construir la receta ganadora y que además se replicó en la votación final del Consejo de Seguridad. No todos estaban a favor pero nadie estaba en contra.

Aquí en Portugal se dice que la elección de Guterres probó la importancia que el papel de Portugal tiene en el mundo. No creo que lo haya hecho. Seamos realistas, el papel que el Portugal de hoy tiene en el mundo es casi igual a cero y su voz, a nivel mundial, vale tanto como la de un piscis en el mar. Pero sí que probó algo positivo: que un país, por más pequeño que sea y por más irrelevante que sea en la cena internacional, puede lograr buenos resultados, si se une, trabaja y lucha con todas sus fuerzas.

Se espera de Guterres una revolución pacífica en una organización que está enferma y poco preparada para los retos del presente y del futuro. Que rompa prejudicios. Que cambie lo que no funciona, que mande a la basura lo que perjudica la actuación de las Naciones Unidas, sin tolerancia, con frontalidad y sin miedo. Se espera que Guterres actúe. No que asista apático al desarrollo de los acontecimientos.

Se espera que pueda organizar el caos de la propia casa que ahora dirige y transformarla en un ejemplo para el mundo. Que pueda llevar a buen puerto temas urgentes como la reforma del Consejo de Seguridad,  el problema burocrático de la ONU o las debilidades de las misiones de peacekeeping. Que pueda seguir mostrando que piensa por su propia cabeza, que sabe lo que quiere y que hará todo para conseguirlo.

Y que en el final, cuando su mandato termine, toda la gente pueda hacer suyas sus propias palabras en el día que supo que había ganado la elección, y agradecerle con “gratitud y humildad”. Porque el mundo necesita de héroes que se pongan a su servicio y que defiendan el interés general por encima del interés de media docena de Estados.

Constança Martins es consultora de comunicación política. @ConstancaMC
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