Battlestar Galactica: el 11S interestelar

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SERGIO JIMÉNEZ

Cuando estoy escribiendo esto, hace unos pocos días que pasaron quince años del 11-S. Así que es lógico que hablemos hoy de una serie que, aunque no es nueva, está muy vinculada a esos acontecimientos. No me refiero a Cuéntame cómo pasó, que también tiene chicha para rato y se estrenó el 12 de septiembre, sino de Battlestar Galactica (BSG), pero no la de los 70, sino la de 2004. Y es que, si podemos considerar políticamente el atentado a las Torres Gemelas (entre otros objetivos de ese día), el principio del siglo XXI, BSG retrata a la perfección parte de los conflictos que lo rodean todavía hoy.

La serie, un reboot anterior a la actual ola de reboots que trajo la crisis económica, parte de una premisa sencilla y demoledora: los robots que habían creado los humanos y que se habían rebelado se las apañan para exterminar a la mayoría de sus creadores. Sólo unos pocos humanos (menos de 50.000), protegidos por una nave anticuada que carece de red de datos interna, la Galáctica, buscan la mítica Tierra.

Como decía, la serie retrata de manera muy realista (para ser ficción), el estado de shock que supusieron los atentados del 11-S y todas las repercusiones que tiene. Empezando en el plano más absolutamente evidente y visual: los pasillos en las diferentes naves con fotos de los desaparecidos, las velas, el estado anímico de los supervivientes es muy fácilmente identificable con el estado de ánimo de Estados Unidos entonces (y con el de España el 11-M, por ejemplo). Sin embargo, si vamos más allá, encontramos parte de los cleavages políticos que todavía estamos viviendo desde entonces.

El primer punto llamativo de BSG es que los enemigos de los humanos no buscan la conquista o el control, buscan la aniquilación. Este tema rompe un poco la dinámica normal de la ficción, centrada más en dinámicas de conquista. La ficción de después de la II Guerra Mundial se centra más en la conquista y el dominio como relación entre los dos bandos, igual que lo era entre el bloque occidental y oriental. Los Cylons buscan el exterminio de la especie humana, del mismo modo que el terrorismo integrista de Al Qaeda o de Estado Islámico consideran la existencia de Occidente como una abominación a eliminar.

Curiosamente, la causa de este conflicto no es fruto sólo de la esclavitud de los Cylon por parte de los hombres, sino por el matiz religioso. Los humanos son politeístas (siguen el panteón olímpico griego), mientras que sus creaciones son monoteístas. Este tema, que se abordó con más profundidad (y menos éxito) en la precuela Caprica, integra el elemento religioso como motivación para un conflicto. De hecho, el elemento religioso es el auténtico detonante del ataque Cylon y generará no pocos conflictos a lo largo de la serie.

Pero donde BSG llega, en mi opinión, a la cima del retrato político post 11-S es en la tensión entre democracia y seguridad. Desde el primer momento de la serie, la Presidencia de las Colonias es retomada por la ministra de educación (única superviviente del Gobierno) mientras que la supervivencia de la flota recae en el Comandante Adama. Esto provoca una inevitable tensión entre el funcionamiento normal de las instituciones y la supervivencia de la ciudadanía en condiciones de guerra. La prevalencia o no de la seguridad sobre la agenda de las instituciones civiles, el control de los individuos, la tortura o la ley marcial son temas que van jalonando la tensión a lo largo de toda la serie.

Igualmente, y en otro nivel, se trata la recuperación del sistema político en condiciones tan excepcionales y que, por ejemplo, podemos vivir actualmente en Francia. Las condiciones que rodean a los humanos y la urgencia de la amenaza no se acompaña, lógicamente, de la desaparición de las aspiraciones políticas de la ciudadanía. De esta manera, es necesario reconstruir un sistema político sobre una sociedad bastante desestructurada que se aferra a un modelo que ya no está allí. Temas como cuándo y cómo convocar elecciones, seleccionar un vicepresidente, o la legitimidad de una presidencia de excepción (muchos de ellos, como digo muy pegados a nuestra actualidad), se trataban ya antes de 2010.

Así que, pese a que la ciencia ficción suele ser un elemento alegórico del sistema social y político, en el caso de BSG casi que se puede hablar más de retrato que de alegoría. Los temas que aborda y su proximidad cronológica (a veces incluso anticipándose) a los conflictos que han marcado este principio de siglo XXI y que, muy posiblemente, nos sigan acompañando los próximos años. Si no la habéis visto vale la pena, y si lo habéis hecho, podéis aprovechar y hacerle otra visita, porque, posiblemente, además de encontrar algún nuevo detalle, podéis encontrar más de un paralelismo con la actualidad global.

Sergio Jiménez es doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid. Editor de http://poderyseries.es/. (@craselrau)

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