Berlinguer y el giro del lenguaje en el partido comunista italiano

GUILLEM PURSALS

Miembro del Partido Comunista Italiano desde los veintiún años, Enrico Berlinguer empezó de militante comunista en 1943 y acabó en la cumbre, de secretario general del PCI, en 1972. A los treinta y cuatro años dirigió el Instituto de Frattocchie, que formaba a los cuadros políticos del partido, y en 1957 ya se consolidó como un adalid del comunismo entre los jóvenes italianos, empezando su reivindicación de un “comunismo a la italiana”, al declarar que los cuadros del partido no tenían por qué visitar obligatoriamente Moscú, como se venía haciendo. Poco después, en 1960, fue elegido director de la Secretaría del Partido Comunista Italiano, exponiendo durante el XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, en 1961, la voluntad del PCI de escoger su propio destino. En 1962, Berlinguer ocupó el cargo de secretario de las Relaciones Exteriores del partido, siendo responsable de todas las delegaciones comunistas italianas en el exterior.

Al frente de exteriores mantuvo relaciones con Vietnam, Corea del Norte y otros países de la órbita comunista, como Rumanía o Bulgaria. El 11 de junio de 1969, durante la Conferencia Internacional de Partidos Comunistas que se celebraba en Moscú, el PCUS quiso buscar el apoyo de los demás partidos comunistas estableciendo que la sociedad socialista partía y debía buscar el mismo modelo que el soviético. Sin embargo, la contundencia de su discurso y la defensa de un comunismo y una reivindicación socialista propia y adaptada a Italia lo alejó de las tesis soviéticas y lo proyectó como líder moral del Partido Comunista Italiano. El 13 de marzo de 1972, durante el XIII Congreso del PCI, Enrico Berlinguer sería elegido secretario general. Empezando así un giro en el lenguaje del PCI, así como la creación de un referente para otros partidos comunistas, como fueron el PCE español y el PCF francés.

En 1973, el derrocamiento del presidente Salvador Allende por parte del ejército en Chile provocó que los dos mayores partidos políticos italianos, el PCI y la DC (Democracia Cristiana), buscasen puntos de apoyo mutuo para que, en caso de crisis institucional de alguno de los dos, el sistema democrático y las instituciones italianas siguiesen activas. Esto provocó que sus dirigentes, Aldo Moro por parte de la DC y Berlinguer por parte del PCI, se pusieran de acuerdo en la supervivencia de los gobiernos democráticos frente a las opciones extremistas que pudieran surgir. Este pacto para mantener la estabilidad provocó un nuevo giro en el lenguaje del espectro político, pues planteaba que la izquierda política estaba formada por el Partido Comunista Italiano, sin mencionar a los socialistas.

La reivindicación por parte de Berlinguer de una alternativa democrática rompió los esquemas de gran parte de los comunistas europeos, y marcó la senda del eurocomunismo, ideología fundamentada en un comunismo dentro de un sistema democrático. En 1975 se consolidó este pacto de estabilidad democrática entre las fuerzas comunistas y las democratacristianas, y que se denominó “compromesso storico”.

En 1976, durante una conferencia frente 5.000 delegados comunistas en Moscú, anunció que el PCI apostaba por un sistema pluralista de partidos. Desde entonces el PCI acentuó su giro político y se distanció de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia, alianza militar de los estados satélites de la URSS. Ese mismo año en una entrevista en el Corriere della Sera declaró que se sentía seguro bajo el paraguas de la OTAN, porque evitaba la injerencia de la Unión Soviética.

En 1977 el PCI, con Berlinguer como secretario general del partido, consigue establecer la austeridad como forma de vida comunista. En un largo discurso, pide a los miembros y simpatizantes del partido un arduo esfuerzo para vivir dentro de la austeridad, y la define como: “Austeridad significa rigor, eficiencia, seriedad y también justicia, es decir, lo contrario de lo que hemos conocido y sufrido hasta ahora y que nos ha conducido a la gravísima crisis cuyos daños hace años que se acumulan y se manifiestan hoy en Italia en todo su dramático alcance”. Una política basada en la crítica a los “derroches” gubernamentales y a la sobreproducción, y también en favor del ahorro y no del gasto, puesto que se provoca que exista cierta periodicidad en las crisis económicas. Por ello Berlinguer establece una forma de vida austera y a favor del espíritu crítico inexistente en “partidos que están en el poder en los países socialistas”, siendo una de las frases finales de su discurso: “Pero ni los partidos ni el Estado han de exigir obediencias, imponer concepciones del mundo ni limitar en modo alguno las libertades intelectuales”.

Ese mismo año, el 7 de octubre de 1977, Enrico Berlinguer responde por carta a monseñor Bettazzi, clérigo italiano, sobre la relación del Partido Comunista Italiano con la Iglesia y la religión cristiana. En ella rompe con el ateísmo imperante del resto de los partidos comunistas, declarándose laico y aclarando: “El Partido Comunista Italiano, como tal, es decir, como partido, organización política, ¿de manera explícita profesa la ideología marxista, como filosofía materialista atea? Sólo una aclaración sobre los datos, le digo que no”. Y más adelante añade: “Ahora, a partir de este gran patrimonio de ideales y de orientación cultural deriva quizás la concepción de un partido político que profesaba una filosofía, y, en particular, un materialista metafísico y doctrina atea, y que se propone imponer, o incluso para favorecer, en actividad política y en el estado, una ideología y el ateísmo en particular. De nuevo, decididamente contesto no.”

Siendo el punto decisivo de la carta, aquel en el que reconoce que en una nueva sociedad el papel de las organizaciones cristianas y las instituciones eclesiásticas será fundamental: “Sin embargo, no tengo ninguna dificultad en reconocer que, aun cuando el Estado va a asegurar una cantidad y calidad de los servicios sociales cada vez mayor, debe ser garantizada la aportación libre de organizaciones cristianas e instituciones de la Iglesia en los campos de las actividades destinadas a satisfacer los nuevos requisitos de la construcción de una sociedad democrática, libre, más justa y nueva”.

En 1980 inicia el distanciamiento final con la Unión Soviética y todos los partidos comunistas vinculados al PCUS al condenar la intervención soviética en Afganistán. En 1981 Berlinguer declaró que la Revolución de Octubre estaba exhausta al producirse la Intervención de Polonia, la declaración de la Ley Marcial en el país. Ante esta declaración, un alto dirigente comunista, Armando Cossutta, hombre del PCI aún vinculado a Moscú, intentó que Berlinguer se hiciese atrás, y al no conseguirlo, tanto el periódico Pravda como el PCUS expulsaron al PCI y a Berlinguer de los círculos soviéticos.

El 7 de junio de 1984, mientras hacía un discurso electoral en Padua, sufrió una hemorragia cerebral, muriendo tres días después. Más de un millón de personas asistieron a su funeral, incluyendo líderes de la izquierda y de la derecha italiana.

Enrico Berlinguer acercó, con su cambio de semántica, el Partido Comunista Italiano a los católicos y a los socialdemócratas, como también consiguió romper los vínculos con la Unión Soviética más allá del muro, iniciando de este modo una revolución democrática en los senos de los partidos comunistas más importantes de Europa Occidental.

Guillem Pursals es politólogo y Director de Seguridad. Columnista sobre Israel, Irán, Rusia y China en @RevistaEndavant. Vaticanista y analista de conflictos (@GPursals).
Descargar el PDF 
Ver más artículos del Número 14