Crossover o cómo trolear las primarias ajenas

MANOS

ANTONI-ÍTALO DE MORAGAS

A menudo, cuando se acerca un proceso de primarias abiertas surgen voces alertando del riesgo que representa que ciudadanos que no simpatizan por el partido que las organiza participen en la votación. En España, donde la introducción de primarias abiertas es muy reciente, la alerta viene alimentada por el comprensible desconocimiento del comportamiento electoral de los ciudadanos ante este tipo de procesos y, por qué negarlo, por el morbo que representa trolear unas elecciones. En los EEUU, país donde las primarias abiertas están mucho más extendidas que aquí, llaman crossover a la acción de votar en las primarias del partido por el que no se simpatiza y distinguen entre tres formas distintas:

  1. El voto sincero (sincere voting) en el que el ciudadano, a pesar de no simpatizar con el partido, decide votar en las primarias porque hay un candidato al que sí que votaría en las elecciones posteriores. Este tipo de comportamiento debe contextualizarse en una sociedad, como la americana, en la que los partidos políticos tienen un peso moderado.
  2. El voto asegurador (hedging) en el que, a diferencia del voto sincero, el ciudadano no tiene previsto votar el candidato a las elecciones posteriores. Votando, en las primarias, a su candidato preferido, el ciudadano se anticipa al escenario en que su partido no gana las elecciones y minimiza las consecuencias negativas de una victoria de otro partido.
  3. El voto de asalto (raiding), en el que el ciudadano participa en las primarias y vota al candidato que considera que tiene menos opciones de ganar las posteriores elecciones. El argumento de esta estrategia es simple: cuantas menos expectativas electorales tenga el candidato de un partido al que no quieres votar, menos votos tendrá este partido y, por tanto, mejores expectativas electorales tendrá el candidato de tu propio partido.

De todos estos comportamientos, el más controvertido es el raiding. El ejemplo más célebre de raiding es, posiblemente, la Operación Caos, orquestada por comentarista conservador Rush Limbaugh durante las primarias del Partido Democrata de EEUU de 2008. Entonces, Limbaugh pidió a los votantes republicanos que participaran en las primarias de los demócratas y que votaran por una Hillary Clinton en horas bajas tras perder las primarias (contra Obama) en once estados. Obama ganó las primarias y, posteriormente, las elecciones, de manera que la Operación Caos no prosperó.

Un ejemplo, menos célebre, pero más exitoso, de raiding se dio a las primarias de los republicanos de Vermont por el Senado en 1998 donde Fred Tuttle, un granjero jubilado de Tunbridge, un pueblo de un millar de habitantes, competía contra el consultor multimillonario de Massachusetts Jack McMullen. Tuttle decidió participar en las primarias con el único objetivo de derrotar al “forastero” McMullen. Pero Tuttle no quería ser senador, ni quería abandonar el pueblo donde había vivido toda su vida para instalarse en Washington pero, sorprendentemente, ganó las primarias con un 55 % de los votos. Las elecciones posteriores fueron una de las más absurdas de la historia, durante la campaña electoral Tuttle pidió el voto por su rival, el popularísimo senador demócrata Patrick Leahy. Afortunadamente para el entrañable granjero, Tuttle obtuvo sólo el 22 % de los votos y pudo quedarse en Tunbridge donde moriría cinco años más tarde.

A diferencia de la operación Caos, en este caso no tenemos constancia de la existencia de ninguna coordinación para influir en el proceso de primarias. Ahora bien, las cifras hablan por si solas:gráfico primarias

En el primer gráfico observamos como la proporción entre el número de votos obtenidos en las elecciones y la participación en las primarias desciende dramáticamente en 1998 hasta el punto que el Partido Republicano obtuvo menos votos en las elecciones que en sus primarias. El segundo gráfico constata que la participación en las primarias en 1998 fue superior a la habitual. Estas dos observaciones nos sugieren que, efectivamente, hubo raiding, es decir, hubo votantes del Partido Democrático que participaron en las primarias del Partido Republicano con el objetivo de escoger el candidato menos competente.

Una vez repasados estos dos ejemplos, es el momento de preguntarse si el raiding es un fenómeno habitual en los procesos de primarias abiertas y hasta qué punto altera los resultados de las mismas. Álvarez y Nagler, analizan las primarias de California y observan que el raiding no es habitual. La explicación es que para que el raiding cambie los resultados de unas primarias se necesita una coordinación demasiado compleja entre los votantes ya que la mayoría de estos seguirán votando por el candidato que prefieren.

Que el raiding no sea ni efectivo ni habitual no significa que el crossover no modifique los resultados de las primarias. Sobre esta cuestión la evidencia empírica no es conclusiva. Para que los votantes crossover influencien los resultados de las primarias son necesarias dos condiciones: en primer lugar, que la diferencia entre los candidatos sea menor que la cantidad de votantes crossover y, en segundo lugar, que los votantes crossover tengan un comportamiento distinto al del resto de votantes.

En España, a pesar de la reciente introducción de las primarias abiertas ya tenemos algunos ejemplos que merecen ser mencionados. El primer intento de hedging en la política española fue en las primarias del PSC para escoger al candidato para la alcaldía de Barcelona. Un grupo de activistas independentistas trataron de arropar a Jordi Martí, el candidato socialista con mayor perfil soberanista. A pesar de la repercusión que tuvo la iniciativa en las redes sociales, especialmente a través del hashtag #indyxmarti, Martí logró poco más de 1500 votos y se quedó fuera de la segunda vuelta. Coordinar el voto en unas primarias ajenas no es sencillo ni para un movimiento tan movilizado como el independentismo catalán.

Más éxito tuvo, en cambio, la izquierda abertzale en las primarias para la secretaría general de Podemos en Navarra. Los votos de los abertzales pudieron contribuir a que Laura Pérez, partidaria de no cerrar puertas a acuerdos con Bildu, ganara las primarias a pesar del apoyo de la cúpula de Podemos al candidato Josep Bosch. Un factor que podría explicar el éxito del hedging de los abertzales es que la elección no fuera presencial sino telemática, reduciendo el coste de votar en las mismas a unos pocos clicks. En definitiva, es posible trolear las primarias ajenas pero hay que distinguir bien quienes hacen hedging o sincere voting de quienes hacen raiding. Si, marketing político al margen, el objetivo de las primarias abiertas es que el candidato del partido no sea sólo el preferido de su militancia sino de un sector más representativo del electorado, tanto el hedging como el sincere voting logran ese objetivo y el raiding no.

Artículo actualizado del publicado en 2014 en Cercle Gerrymandering y en Politikon.

Antoni-Ítalo de Moragas es licenciado en matemáticas por la UPC y máster en economía en la UB. Actualmente es doctorando en el Instituto Universitario Europeo de Florencia. @moragasai
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