Discurso: Pepe Mújica en Río +20 (2012)

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PAULA SERRANO

Subtítulos en chino. Idioma, castellano. Subtítulos en ruso, en árabe, en inglés. Idioma castellano. El asombro es innegable para los que hablamos este idioma, tan globalizadamente acostumbrados a reconocernos en los subtítulos. Subtítulos: japonés. Imposible no volverse un personaje de Margaret Keane al notar que, esta vez, el movimiento es desde Latinoamérica hacia el mundo y no, como suele suceder, desde el mundo hacia Latinoamérica. Francés, hebreo y la lista sigue. Pero los ojos de Keane nunca están solos sino atravesados por una tristeza tan resignada como mendigante.

Youtube lo define como Discurso inolvidable. Inolvidable discurso reproducido casi dos millones de veces. Y subtitulado… Bueno, lo de los subtítulos ha quedado claro.

José “Pepe” Mújica habla, como los demás presidentes, en la conferencia de las Naciones Unidas por el desarrollo sostenible. Es el segundo Río+20. Habla, y conviven en él dos personas. Dos sujetos que parecen estar enfrentados pero que resultan, a la vez, indisociables.

De un lado, el mandatario anuncia su apoyo a los acuerdos que resulten de la Cumbre que “esta, nuestra pobre humanidad, pueda suscribir”. Y es esa pobreza de humanidad la que despierta al otro, al ciudadano añoso, y lo interpela. Ambos, unidos por un pero -pero unidos al fin-, dictan el discurso mediante el gesto axial de la concesión, que define tanto al ethos como al enunciado. Sin embargo dice Pepe para comenzar la lista de preguntas que se desparraman hasta el final de sus palabras.

“Voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hacen. Y los voy a acompañar como gobernante”. Como gobernante. Y es como gobernante que sus palabras “rechinan”. En un encuentro por la crisis ecológica, el líder uruguayo asevera “la gran crisis no es ecológica…”. ¿Entonces?, “…es política”. En paralelo, en la misma Río de Janeiro, se está desarrollando la Cumbre de los Pueblos. Por momentos parece que Mújica se confundió de puerta y desembocó en el evento equivocado.

“¿Estamos gobernando la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros?”. La respuesta a esta pregunta está en la pregunta misma. Otra disyunción, esa o, que recuerda a Rancière, aclara que la clave es la inversión de los sujetos, sintácticos y de los otros. Y este cambio signado por contradicciones alcanza su realización máxima en la tranquilidad de lo indiscutible.

“Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida, y esto es elemental”. Tempus fugit es solo uno de los tópicos que emergen en este discurso, tan universales como la globalización. La vida se nos va pero brilla en la voz de Mújica en forma de metáforas: “¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo, que es el actual de las sociedades ricas?”.

Y el valor, nos enseñó De Saussure, se explica por contraste. Mientras las ideas condenables y la cultura dominante tienen vida, los gobernantes y empresarios presentes en el recinto parece que no. La despersonalización se despliega en el discurso de quien decide audazmente poner a la globalización, a la economía de mercado, a los problemas políticos en lugar de quienes les dan a estos riendas sueltas.

Solo dos veces se esfuma el carácter abstracto de los sujetos. Solo dos veces es merecida la humanización. En un caso, son los pueblos indígenas, equiparados por su sabiduría a los filósofos clásicos: «Los viejos pensadores -Epicúreo, Séneca, los aymaras- definían: “pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho y desea y desea y desea más y más”». La valorización de lo propio latinoamericano y la crítica a la ideología neoliberal se condensan, así, en un mismo gesto.

En el segundo caso, es otro viejo pensador, el mismo Mújica, quien califica su propia reflexión como “humilde manera de pensar”. También él es un sabio: un profesor que hace preguntas retóricas y un hombre experimentado, “un viejo reumático como yo al que se le fue la vida”. Carpe diem, nos dice, y denuncia la cultura del “úselo y tírelo” que rige al mundo.

“El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan al hombre…”. Otra vez la negación refuerza la postura del orador. El no resuena para enfatizar la necesidad de invertir los predicados. Y con ese no Mújica traza una línea divisoria entre dos modos de vivir: aquel centrado en el consumo y aquel avocado a la felicidad. “…Y a la vida. Porque no venimos a la vida para desarrollarnos en términos generales. Venimos a la vida intentando ser feliz”.

La lucha entre lo real y lo ideal vertebra la voz de un presidente que cuestiona la ideología que lo rodea pero que, a la vez, es eso, un presidente con una envestidura que ejercer. Y que, con ese ejercicio, pretende cambiar el mundo.

Paula Serrano es lingüista y profesora de Semiología @pau_salerno
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