El legado de Obama: una presidencia del siglo XXI

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ALBERT MEDRÁN

Obama es a la presidencia del siglo XXI lo que Teddy Roosevelt lo fue para la del siglo XX. Una evolución que marcará el futuro de la presidencia de los Estados Unidos y la relación con su pueblo. Obama le deja a Trump una presidencia abierta, presente e inspiradora. Una nueva presidencia para un tiempo nuevo.

Cuando los padres fundadores alumbraron el experimento político de los Estados Unidos, se guardaron mucho de no replicar en su funcionamiento los males del viejo mundo contra el que lucharon. Su revolución no sólo quería crear un país, quería liberar a su gente de la tiranía monárquica. La república nació bajo esta idea y a lo largo del siglo XIX se fue desarrollando. La presidencia huyó de cualquier ideal monárquico. El presidente era, de todos, uno. No habían vencido al rey Jorge para tener a su propio rey.

Con Roosevelt todo empezó a cambiar. Durante el siglo XX la presidencia adoptó todos los elementos monárquicos. La liturgia presidencial, aupada décadas más tarde por los medios de comunicación, se instaló con fuerza en el 1600 de la avenida de Pensilvania. Pompa y circunstancia republicana. El padre de la patria. El hombre fuerte, duro… invencible. El poder duro del siglo XX.

La presidencia de Obama ejemplifica los vicios y las virtudes del ejercicio del poder en el siglo XXI. Y su presidencia será recordada por ser la primera que tuvo que vivir como ninguna otra antes la transición de un mundo que se muere y de otro que no acaba de nacer. Eso ha impreso su presidencia y se ha dejado notar especialmente en tres aspectos:

Una presidencia de puertas abiertas. Obama ha abierto las puertas de la Casa Blanca aliándose con los nuevos medios de comunicación. La Casa Blanca ha estado abierta 24/7, haciendo posible una presencia casi perenne del presidente en los teléfonos de todo el país. Teléfonos. El presidente ya no entra por el salón de la casa de los americanos, lo hace por el teléfono en el metro, camino al trabajo. Ha experimentado con todos los canales posibles y el seguimiento de su fotógrafo, Pete Souza, ha apuntalado un icono visual y lo ha hecho viral. Una presidencia, además, que ha sabido tejer siempre puentes y enlaces con la sociedad civil, cultural y científica del país.

Una presidencia millennial. No es sólo que se haya convertido en un icono para las generaciones más jóvenes, que líderes de la cultura popular hayan visitado asiduamente la Casa Blanca o que su comunicación haya sido osada y se haya atrevido con memes, virales o filtros. Obama ha dado a la presidencia la conexión con los valores que van a ser importantes a lo largo de las próximas décadas. Valores que entran en la presidencia y que ejemplifican el rol del presidente. Veremos más de ello.

Una presidencia inclusiva. Obama fue el primer afroamericano en llegar a la presidencia de los Estados Unidos. La cuestión racial, que explica el ascenso de Trump, ilustra a la perfección uno de los legados de su presidencia. Una presidencia inclusiva, de todos y para todos. Obama ha evolucionado el rol de padre de la patria o de líder del mundo libre al del liderazgo inclusivo, emocional y empático. Y su manera de hacerlo facilitará que en las próximas décadas una mujer, un latino o un asiaticoamericano ocupen la presidencia.

Con Obama, los valores de la presidencia han cambiado. También han cambiado las herramientas. Pero sobre todo, ha cambiado la velocidad histórica de la presidencia. Con Obama, la Casa Blanca ha dejado de ser un ente inamovible anclado en la tradición, en su versión más monárquica, para ser una especie de start-up institucional que ha hecho de la elección de sus embajadores, un modo de hacer diplomacia LGTB; de la elección de sus herramientas de trabajo, una manera de conectar con los nuevos sectores económicos emergentes. De la manera de relacionarse con los medios, la manera de entender que los ciudadanos deben tener acceso al poder.

La presidencia de Obama deja para el siglo XXI el reto de gobernar con la gente y no sólo para la gente. Lo dijo en su discurso inaugural y así ha sido. Es imposible entender su presidencia sin los gestos y el fondo en esta dirección. Desde las cartas que lee diariamente y que responde de su puño y letra, que aunque no sea escalable consigue una relación de intimidad única con los ciudadanos a maneras más escalables de canalizar la participación. Su administración lanzó el portal We the people, para canalizar y responder las peticiones de los ciudadanos. El modo de facilitar la participación, canalizarla y responderla.

Este es el nuevo modelo de presidencia que inaugura Obama y que seguramente Trump decidirá no seguir. Pero la semilla ya ha florecido y el rumbo hacia presidencias coherentes en valores, abiertas al pueblo, en contacto permanente con la sociedad y representando a todos está en marcha. Ese es el legado de Obama. Una presidencia del siglo XXI.

Albert Medrán es director de comunicación de Change.org en España. Experto en comunicación política, ha trabajado en la campaña de Hillary Clinton. (@medri)

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