Entrevista a John Carlin

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John Carlin es un escritor y periodista británico. Su actividad profesional se ha centrado en política y deporte. Su libro Playing the Enemy (en castellano titulado El factor humano), publicado en 2008, tuvo gran aceptación entre el público y la crítica literaria. La película Invictus, estrenada en 2009, se inspiró en esta obra de Carlin. Ha escrito, entre otros medios, para El País, the Financial Times, the New York Times. Wall Street Journal, New Statesman, New Republic, the Observer, the Guardian, the Daily Mail. Ha trabajado en documentales de televisión para la BBC, PBS, ESPN, Channel Four y Canal Plus.

Tras un periodo para reflexionar de forma sosegada, en el que hemos visto que los resultados del ‘Brexit’ afloraron diferencias tanto a nivel territorial como a nivel sociodemográfico, ¿qué pronostica usted para el Reino Unido desde un punto de vista interno?

Hoy en día, con lo revuelto e imprevisible que está el mundo, pronosticar es un negocio peligroso. Pero a día de hoy, ya podemos ver como la economía británica está sufriendo, el Banco de Inglaterra ha bajado los tipos de interés en un intento de minimizar el daño económico. Todos los indicadores señalan que estamos en un periodo en el que la economía británica se está desacelerando. Estamos en un periodo complejo y los inversores lo que más detestan es la incertidumbre. Antes del ‘Brexit’, Gran Bretaña era un país en el que había mucha confianza, pero ahora, si un inversor chino, por ejemplo, tiene que decidir si invierte en Alemania o en Gran Bretaña, a lo mejor se decanta por Alemania. A corto plazo, por tanto, el gran problema será la economía, con la ironía de que la gente que sufrirá las consecuencias será la que tiene situaciones más precarias, que en general fueron los que votaron más ‘Brexit’ y, en cambio, las élites que votaron por la permanencia estarán mejor. Pero hacer previsiones es difícil. Actualmente hay muchos factores imprevisibles, sobretodo a nivel internacional.

En cuanto a la situación de Europa, ¿considera que puede ser un punto de inflexión para poder construir una verdadera unión política? O, por el contrario, ¿considera que puede haber un efecto contagio en otros países?

Que se replique el ‘Brexit’ en otros países lo veo un poco difícil, precisamente porque se ha visto el impacto negativo inmediato, y los votantes de otros países que quizás se hubieran inclinado a favor de votar por la salida de su país de la UE pueden pensar que es una mala opción. Así que el efecto contagio más bien puede ser el contrario: por ejemplo, en Austria, que tuvieron las elecciones antes del ‘Brexit’ y dentro de poco tendrán que volver a repetirlas, el líder del partido más derechista de Europa salió después del ‘Brexit’ y dijo que no optarían por la salida de Austria. Más bien creo que el ‘Brexit’ actuará como un freno para aquellos que en su momento estaban flirteando con la salida. Ahora bien, en relación a si el ‘Brexit’ representará una mayor unión política, creo que no. Una de las grandes lecciones de esta situación es que ha recordado la gran potencia que tiene el nacionalismo y más en nuestra época globalizada. Seguramente, Europa buscará un término medio entre la unión política y más soberanía para cada país, por ejemplo para abordar cuestiones como la inmigración, tema que será interesante seguir para analizar las medidas que toma Europa.

En uno de sus textos afirmaba que los liderazgos de May y Sturgeon contribuirían a resolver “el lío monumental” que Cameron, Farage y demás políticos masculinos generaron con el ‘Brexit’. ¿Cree que hay un liderazgo político distinto en las mujeres? ¿Cómo pueden ellas contribuir a redireccionar esta situación?

Celebro que haya mujeres al mando, tanto en Gran Bretaña como en Escocia. Pero debo de reconocer que tengo un prejuicio a favor de las mujeres: creo que tienen más los pies en la tierra y son más prácticas que los hombres, que son más soñadores. Es imposible imaginar a una mujer haciendo el papel de “Don Quijote”, por ejemplo. Y esto lo vi muy de cerca en Islandia: el país entró en una crisis muy profunda en 2008 y lo que pasó fue que las mujeres tomaron el control del gobierno y de las empresas y organizaron de forma realista la economía del país. Así que me gusta la idea de que gobiernen las mujeres. May es una mujer muy astuta. Me parece curioso que haya elegido a los tres ‘brexiters’ más fervientes para negociar la compleja salida de la UE. Me pregunto incluso si está siendo maquiavélica al dejar que ellos se enfrenten a la complejidad, que fracasen y que luego sea el momento de ella y arregle la situación. May también tiene una retórica muy alejada de la típica tory. Cuando habla, por ejemplo, de la necesidad de acercarse a los problemas de la gente más vulnerable. Pero ya veremos qué ocurre en la práctica, los imprevistos en política están a la orden del día y lo que realmente pone a prueba a los líderes políticos son los acontecimientos, que les obligan a definirse, a tomar decisiones difíciles y a elegir entre lo malo y lo peor.

Una serie de ciudadanos ya han recogido firmas para anular el ‘Brexit’ porque creen que el UKIP mintió sobre algunas consecuencias positivas para el Reino Unido. ¿Existe la posibilidad de que el ‘Brexit’ no se acabe produciendo finalmente?

Puede ser que a largo plazo no se produzca, pero la recogida de firmas no tendrá efectos inmediatos. Lo que tenemos que seguir es, por ejemplo, cómo se organizan los partidos de cara a las elecciones generales de 2020, ya que podría ser que estas elecciones se convirtieran en un segundo referéndum de facto sobre el ‘Brexit’. Pero, ante todo, ahora estamos en un territorio sin mapas; no tenemos GPS para la política. Como estamos en tiempos tan inciertos y sin precedentes, aunque no parezca lógico que se dé la vuelta al ‘Brexit’, tampoco lo descarto.

Por otra parte, Escocia votó mayoritariamente en contra de que se produjese la salida de la UE, decisión popular que ratificó su Parlamento. ¿Ve ahí una posibilidad para que adquiera alas la reivindicación de cierto sector de la población que quiere independizarse del Reino Unido?

Claramente, si se celebrase hoy otro referéndum en Escocia, ganaría el voto a favor de la independencia. A parte, hay un sentimiento de “rabia” por una decisión que han tomado los ingleses en contra de su voluntad y esto ha acentuado el sentimiento independentista escocés. Pero volvemos a lo que comentaba antes: no sabemos qué sucederá y una vez que sepamos cómo va a acabar, si se impone la derecha del partido conservador y hay una ruptura total con Europa, estoy seguro de que habría otro referéndum en Escocia y cabe la posibilidad de que Escocia se independice. La certeza hoy es que el sentimiento independentista de Escocia está más fuerte que nunca.

Decía usted en un artículo que la falta de una alternativa sólida por la izquierda contribuía a que el Partido Conservador gobernase casi como un poder total en el Reino Unido. En España ha aparecido Podemos que capitaliza voto del PSOE, pero estos no se ponen de acuerdo para gobernar. En Grecia surgió Syriza, que eliminó al PASOK. En Francia el Frente Nacional capta voto socialista y excomunista. ¿Qué le ocurre a la izquierda en Europa? ¿Ha perdido su capacidad de convencer o son sus problemas internos lo que dificulta su ascenso al poder?

En estos momentos, en el Reino Unido vivimos de facto una situación de partido único. El partido laborista está partido por la mitad, incluso podría volverse irrelevante, electoralmente hablando. Así que hoy por hoy no podemos descartar que los tories estén durante una temporada larga en el poder, incluso durante los próximos quince años. Esta situación no es muy sana y es un mal ejemplo que está dando la democracia británica, la más antigua del planeta. En cuanto a la izquierda, en vista al panorama actual y a los movimientos de izquierda que he conocido a lo largo de mi vida en América Latina y en Sudáfrica, le sucede un poco como al cristianismo: está lleno de diferentes tendencias que tienen diferentes puntos de vista. Esta comparación no es sorprendente, porque unos aspiran al paraíso celestial y los otros al paraíso terrenal. Así que estamos operando en un territorio de cierta abstracción y, especialmente, si estás en la oposición no tienes que limitarte a las contingencias inevitables y a las decisiones prácticas que hay que tomar cuando se gobierna, sino que te puedes permitir volar y soñar. Entonces, la gente de izquierda entra en debates ideológicos/teológicos y esto conduce a muchas divisiones internas. Esto, por ejemplo, lo hemos visto en Podemos. Hace apenas año y medio que existe y permanentemente hay fisuras, nuevos grupos que salen a debatir cosas bastante abstractas. El hecho de no estar en el poder te da más espacio para tener pugnas y conflictos. Esto es lo que se ve en Gran Bretaña y en España se ve de forma especial con el fraccionamiento de la izquierda entre el PSOE y Podemos. Mientras que, como regla general, los partidos más conservadores no son tan idealistas, no te proponen un mundo de paz e igualdad, sino que más bien, partiendo de la premisa del mercado libre, suelen ser más realistas, tienen los pies más en la tierra. En Inglaterra lo hemos visto de forma clara. El ‘Brexit’ se hizo para resolver cuestiones internas de partido. Después del ‘Brexit’ existía la posibilidad de que el Partido Conservador se partiera por la mitad, pero no sucedió, son pragmáticos. Son gente que tiene una visión muy clara. Ellos quieren el poder, quieren ganar elecciones. Y ahí todos cerraron filas alrededor de una mujer que votó por el ‘Bremain’, y lo hicieron con una rapidez extraordinaria. El Partido Laborista está absolutamente partido por la mitad, tienen elecciones para elegir un nuevo líder y tengo la sensación de que se odian más los dos bandos dentro del laborismo que el antagonismo que sienten las diferentes facciones del Partido Conservador.

La configuración de los liderazgos y su impacto social es una de las grandes cuestiones que ha abordado como periodista y escritor, como por ejemplo, el caso de Nelson Mandela, en su célebre El Factor Humano. Teniendo en cuenta la excepcionalidad de Mandela, ¿qué elementos destacaría del liderazgo de Madiba que puedan servirnos para mejorar y referenciar los actuales liderazgos políticos?

Mandela combinó el carisma, el poder populista, en el sentido menos negativo de la palabra, entendida como esa capacidad de movilizar a las masas, de persuadir, con un enorme pragmatismo, con una visión muy clara que cuáles son los límites de lo posible, en un momento en que si intentaba superar esos límites podía generar muchos peligros para su país. Una de las grandes virtudes fue su capacidad de meterse en la piel del adversario, de entender por qué sentía miedo o racismo, incluso. Y, como decía el conocido guerrero chino Sun Tzu, para ganar la guerra, primero tienes que conocer a tu enemigo. Mandela llegó a conocer a sus adversarios mucho mejor de lo que ellos le conocían a él, así que aquí ya tenía una ventaja importante en la carrera antes de empezar. Por otra parte, como consecuencia de esa capacidad de meterse en la piel y en sus procesos mentales, tuvo la generosidad de entender que si igual él hubiera nacido blanco en Sudáfrica también tendría pensamientos racistas, que hay circunstancias en la vida que te definen. Pero ante todo, esa comprensión y esa sagacidad le condujeron a pactar. En inglés hay una palabra muy oportuna, “compromise”, que no se usa en español. “Compromise” significa que todos cedan un poco para que todos puedan salir ganando. Aunque los dos perdamos algo, todos salimos ganando, y sale ganando el país. Eso fue esencialmente lo que ocurrió en Sudáfrica y creo que es lo que debería ocurrir en España. Pero esta mentalidad de “compromise” no está muy arraigada en la cultura española, que se ha definido por un absolutismo religioso feroz. Aunque alguien no sea ahora religioso, la religión sigue influyendo en los procesos mentales de las personas. Si hubiese un “Mandela” ahora en el terreno político español no tengo la más mínima duda de se que encontraría una solución. En resumen, los elementos que destacaría del liderazgo de Mandela, que también he abordado en otro libro, La Sonrisa de Mandela, son la capacidad de ponerse en la piel del otro, el pragmatismo, reconocer los límites de lo posible y buscar una solución reconociendo que no puedes adherirte a tu posición de forma inamovible. Si tú cedes un poco y yo cedo un poco, todos salimos ganando.

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