Fidel Castro frente a las Naciones Unidas

PEPE MARTÍNEZ

Es el 25 de noviembre de 2016. El sol se pone en Jaimanitas, al oeste de La Habana, y Rosita Herrera prepara dos toros de cherna a la plancha y un poco de arroz frito. Los sirve con cuidado en una bandejita de madera de pino y al lado coloca un pastillero con una colección multicolor de medicamentos. Se arregla el delantal, más por costumbre que por coquetería, y atraviesa la galería que separa la cocina de la residencia. La habitación del Comandante, amplia y luminosa, hoy se parece más a un quirófano. Los médicos han tomado los abundantes muebles y sólo una mesita de noche y una pequeña cómoda permanecen a salvo. Rosita deja la bandeja sobre la mesa y mira a Fidel. Ha perdido mucho peso. La última semana ha sido dura pero pronto se recuperará. El Comandante siempre se recupera.

Mientras se retira con cuidado para no despertarlo, se fija en la cómoda. La ha visto cientos de veces pero sigue impresionándola. Castro ha dispuesto una suerte de altar, poblado de fotografías de sus viajes, de líderes que visitaron su casa, de momentos que han escrito los últimos cincuenta años de la historia de Cuba. Rosita recuerda aquellas escenas con nostalgia. Entró al servicio del Comandante en 1959, poco después de su llegada al poder. Primero con devoción y esperanza, luego con resignación, al final por inercia y costumbre.

De entre todas las fotografías de la cómoda, le gustan cuatro fotitos que se atrincheran en una esquina: las visitas del Comandante a la ONU. Rosita rememora aquellos momentos.

La primera es de 1960. Fidel viste el mismo traje militar de las fotos de Sierra Maestra. Lo llaman “primer ministro”. Cuba aún no es comunista, pero las tensiones con Estados Unidos van en aumento a raíz de la expropiación de terreno a los grandes propietarios norteamericanos. Castro es agresivo en la defensa de la Revolución y la legitimidad de su gobierno. Rosita tiene buena memoria y recuerda sus palabras.

¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! ¡Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso!

Las colonias no hablan. A las colonias no se les conoce en el mundo hasta que tienen oportunidad de expresarse. Por eso a nuestra colonia no la conocía el mundo, y los problemas de nuestra colonia no los conocía el mundo. (…) Nadie se engañe, que con engañarnos no hacemos más que el ridículo; nadie se engañe, allí no había una república independiente, allí había una colonia, donde quien mandaba era el embajador de los Estados Unidos.

La segunda foto es la más grande. Se tomó en 1979. Otra vez con uniforme, pero esta vez como presidente y primer secretario del Partido Comunista de Cuba. Lleva casi veinte años en el gobierno. En la Asamblea General, Castro representa al Movimiento de Países No Alineados. Rosita recuerda líneas enteras de su discurso más conocido.

Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la humanidad. ¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres para que otros sean exageradamente ricos?

Unos países poseen, en fin, abundantes recursos, otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de estos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para qué sirve el mundo?

¡La explotación de los países pobres por los países ricos debe cesar! Sé que en muchos países pobres hay también explotadores y explotados. Me dirijo a las naciones ricas para que contribuyan. Me dirijo a los países pobres para que distribuyan. ¡Basta ya de palabras! ¡Hacen falta hechos! ¡Basta ya de abstracciones, hacen falta acciones concretas! ¡Basta ya de hablar de un nuevo orden económico internacional especulativo que nadie entiende; hay que hablar de un orden real y objetivo que todos comprendan!

No he venido aquí como profeta de la revolución; no he venido a pedir o desear que el mundo se convulsione violentamente. Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos, y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales el futuro será apocalíptico.

En la tercera fotografía Fidel viste de traje. Corría el año 1995. El muro había caído y detrás de él la Unión Soviética, pero el bloqueo a Cuba permanece. En su discurso Castro critica el embargo comercial, la inoperancia de las Naciones Unidas, la composición del Consejo de Seguridad y plantea los retos fundamentales que en el nuevo siglo enfrentará la comunidad internacional:

Excelencias, hace medio siglo se crearon las Naciones Unidas, después de una monstruosa guerra en que se perdieron cada año 10 millones de vidas. Hoy, 20 millones de hombres, mujeres y niños mueren cada año de hambre y de enfermedades curables. (…) ¿Hasta cuándo debemos esperar para que cese esta matanza?

Queremos un mundo sin hegemonismos, sin armas nucleares, sin intervencionismos, sin racismo, sin odios nacionales ni religiosos, sin ultrajes a la soberanía de ningún país, con respeto a la independencia y a la libre determinación de los pueblos, sin modelos universales que no consideran para nada las tradiciones y la cultura de todos los componentes de la humanidad, sin crueles bloqueos que matan a hombres, mujeres y niños, jóvenes y ancianos, como bombas atómicas silenciosas.

La última foto es del año 2000, durante la Cumbre del Milenio. Castro tiene 74 años. Viste traje oscuro y lleva gafas para leer. Rosita casi no recuerda aquel discurso. El Comandante vuelve a criticar a las Naciones Unidas, que consideraba una organización obsoleta al servicio de los países ricos.

Tres decenas de países desarrollados y ricos que monopolizan el poder económico, tecnológico y político se reúnen aquí con nosotros para ofrecernos más de las mismas recetas que han servido sólo para hacernos cada vez más pobres, más explotados y más dependientes.

El sueño de alcanzar normas verdaderamente justas y racionales que rijan los destinos humanos, a muchos les parece imposible. ¡Nuestra convicción es que la lucha por lo imposible debe ser el lema de esta institución que hoy nos reúne!

Recuerda también el disgusto del Comandante en 2007, cuando su salud ya no le permitió ir a la Asamblea General. Envió a su hermano y vio el discurso por televisión. Raúl estuvo correcto, pero no era Fidel.

La entrada de un ayudante militar la saca de su ensueño. Llaman de La Habana. Quieren ultimar la visita del primer ministro canadiense, que llega la semana próxima. Pero el Comandante no está para atender el teléfono. Tal vez mañana. Rosita dedica una última mirada nostálgica a la cama y abandona la habitación con el militar.

Fidel Castro Ruz nunca atendió aquella llamada.

 

Pepe Martínez es Secretario de Comunicación del Centro de Estudios de Seguridad y coorganizador de los Beers&Politics en Santiago de Compostela.

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