Guía para entender el voto en África

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ALBERT CARAMÉS Y NÚRIA SANCHO

Más allá de disquisiciones políticas, sociales y económicas, resulta importante entender las condiciones bajo las cuales tienen lugar los procesos electorales. A través de la experiencia práctica, compartimos esta breve guía para entender los principales elementos, etapas y desafíos –así como algunas anécdotas– de unas elecciones en África.

Los preparativos: planificar contra los elementos

Se suele pensar que las discusiones políticas para que un partido o candidato salga favorecido en esta fase preparatoria (especialmente en lo que a la composición de la comisión electoral se refiere) ocupan la mayoría del tiempo. Sin embargo, hay que añadirle un sinnúmero de retos logísticos que hay que salvar para adaptarse a las características del país. Donantes internacionales han apostado por el apoyo económico, humano y logístico en muchas de sus vertientes, pero la cruda realidad hace ver que todo es más complicado de lo que parecía sobre el papel.

Buena parte de los preparativos que resultan muy interiorizados en nuestro entorno pueden resultar un auténtico calvario a causa de los déficits de infraestructuras, la falta de consenso político o, incluso, del clima. El calendario electoral debe tener en cuenta factores como la época de lluvias: a menudo el acceso a muchas zonas rurales es impracticable durante este período, lo que dificulta la distribución del material electoral y puede retrasar enormemente su recogida tras el recuento. En Burundi, por ejemplo, un presidente de colegio electoral de una zona rural de la provincia de Kayanza tuvo que esperar dos días a que bajara el cauce del agua de un riachuelo –convertido en auténtico río– a causa de una gran tormenta, y cruzar con la urna sobre la cabeza para entregar los resultados a la comisión electoral local.

También la época de plantación y cosecha debe ser tomada en consideración. La mayoría de la población africana reside en el campo, así que no es una buena idea actualizar el censo electoral en estos períodos. Con sistemas de registro electoral activo, en el que el elector debe solicitar personalmente la inscripción, los ciudadanos inmersos en los trabajos agrícolas pueden quedar infrarrepresentados. Es lo que ha pasado con los jóvenes de las zonas rurales en Burkina Faso este año. La actualización del censo para las elecciones de noviembre de 2015 se realizó durante la época de cosecha y centralizada en las capitales provinciales. Se calcula que menos de la mitad de los jóvenes que potencialmente se podían inscribir lo hicieron, ya que la mayoría se encontraba en aquel momento trabajando en la recolección de cereales en lugares apartados de su residencia habitual.

El día “D”

En África se empieza a votar temprano. Antes de las 6 de la mañana –hora habitual de apertura de los colegios electorales– ya se forman colas de electores. La falta de electricidad obliga a maximizar las horas de votación mientras haya luz natural. Durante la jornada electoral a menudo se registran problemas de última hora, exactamente los mismos que se pueden dar en las elecciones de cualquier parte del mundo: colegios que no abren a tiempo porque el personal electoral llega tarde, materiales que se distribuyen con retraso o que son insuficientes… La flexibilidad y la paciencia deben aflorar ante las filas de electores que esperan su turno para votar. Resulta habitual marcar con tinta indeleble el dedo del votante para así prevenir el doble voto. Una medida controvertida, ya que si bien resulta de gran utilidad para evitar el fraude, en determinados contextos de tensión política puede motivar un control posterior intimidatorio de quien ha ido a votar y quien no.

Mención aparte merece el rol de los observadores nacionales e internacionales. Desde auténticos turistas electorales vestidos de safari de pies a cabeza, a parlamentarios transformados en observadores vocacionales que no dudan en visitar colegios en las zonas más remotas o problemáticas, pasando por observadores nacionales que impertérritos pasan la jornada entera de principio a fin en el mismo colegio sin apenas moverse. Su presencia, sobre todo la de los internacionales, ha recibido en ocasiones críticas, ya sea por su papel de legitimación de regímenes autoritarios (como el caso de la Commonwealth en Zimbabwe), o bien por la inacción posterior ante episodios de fraude o malas prácticas reconocidos (dirigidas a la UE y a la Unión Africana en Nigeria en 2003 y 2007). En cualquier caso, la presencia de observadores en contextos de transición refuerza la confianza pública en las elecciones y acostumbra a ejercer un efecto disuasorio sobre el fraude.

El escrutinio

Siguiendo la lógica de aprovechar la luz del día, los colegios cierran antes del anochecer. Se inician entonces los procedimientos de recuento, a menudo a la luz de las velas y las linternas, y que puede durar varias horas en función de la complejidad de la elección. En casos como los de los recientes comicios en Burkina Faso, la sociedad civil organizada hizo un llamamiento a la ciudadanía para que, bajo el principio de control democrático, se quedara en sus colegios y fuera testigo del recuento. A partir de ese momento se abordan los elementos más críticos: la determinación de los votos nulos y su discusión con los representantes de los candidatos –en una elección presidencial la validez de cada voto es decisiva– y el relleno de las actas de votación.

A pesar de que el personal electoral habrá sido formado sobre los procedimientos, la introducción de los datos de la votación en las actas puede comportar más tiempo que el recuento en sí mismo. Copias a mano, cálculos para la reconciliación entre votantes, votos emitidos, votos nulos, papeletas sobrantes… Dicho procedimiento puede resultar una auténtica pesadilla para personas poco habituadas a estos procesos, tras 12 horas de votación más 4 de recuento, bajo la presión de la mirada escrutadora de los representantes de los partidos políticos. Encontrar un error de dos votos para cuadrar el acta se convierte en ese momento en un trabajo titánico de difícil resolución. Dada la frecuencia de estos errores, en Burundi, por ejemplo, el Código Electoral incluyó para las elecciones de 2010 la denominada “tasa de discordancia” que hacía posible inscribir en las actas un margen de error de hasta un 3% según la elección entre el número de votantes contabilizados en la lista electoral y las papeletas encontradas en la urna.

Y tras el relleno de las actas y después de colgar una copia de los resultados en la puerta del colegio, llega el momento de recoger los materiales para su traslado a la comisión electoral. Organizar las copias de las actas y empaquetar las papeletas de votación usadas es fundamental si posteriormente se interponen recursos contra los resultados, ya que serán la única prueba de que los resultados de las actas son fidedignos. A pesar de ser una cuestión evidente, no siempre lo ha sido. Hasta 2015, mientras Blaise Compaoré detentó el poder en Burkina Faso, las papeletas se quemaban justo después de acabar el recuento. Sobra decir que su partido ganaba todas las elecciones.

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Escrutinio en Matoto (Guinea Conakry, 2013) (Foto: Núria Sancho)

La agregación de resultados

Mientras en elecciones como las europeas los resultados se obtienen a las pocas horas, muchos países africanos pueden tardar días e incluso semanas en hacer público un resultado provisional, que deberá ser posteriormente verificado para ser anunciado como definitivo. Tras el recuento en los colegios se inicia el proceso de agregación de resultados. Habitualmente empieza a nivel municipal y después asciende de manera acumulativa por los diferentes niveles territoriales hasta la compilación nacional.

Con frecuencia, la recepción de los materiales y las actas de todos los colegios en el primer nivel de compilación no acaba hasta la mañana siguiente. Puede suceder que, tras largas horas durante la noche para finalizar el recuento, los presidentes de colegio esperen hasta la salida del sol para evitar desplazarse en la oscuridad desde lugares remotos por caminos en mal estado (lo que resulta todavía más difícil en época de lluvias). Una vez entregada el acta, se debe proceder a la agregación municipal de resultados, que en función de las habilidades del personal de la comisión electoral, de los errores detectados en las actas y del número de colegios puede comportar hasta 48 horas. A pesar de que la puesta en marcha de recuentos paralelos por los partidos y de sistemas de transmisión telefónica de datos –cuando las redes móviles lo permiten– puedan mostrar una aproximación a los resultados en 24 horas, la compilación nacional de los resultados provisionales puede conllevar hasta una semana.

Este es un período en el que es fundamental la gestión de los rumores de fraude, que se extienden de manera viral ante la impaciencia por la publicación de los resultados. Y a partir de aquí, una cuestión clave: su aceptación por parte de los candidatos. Un ejemplo, en forma de imagen, de justo lo contrario lo encontramos en Costa de Marfil, con la contestación de los resultados por parte del representante del partido del entonces presidente Laurent Ggabgo, quien interrumpió la rueda de prensa de la Comisión Electoral en la que anunciaba los resultados, para romper el documento que los atesoraba enfrente de todas las cámaras.

Más allá de la idoneidad de celebrar unos comicios electorales en un contexto determinado, como sucede actualmente en la República Centroafricana, la credibilidad y transparencia de unos comicios pueden llegar a determinar tanto el fin pacífico de una transición, como hemos visto recientemente en Burkina Faso, como el estallido de una crisis violenta, como en Costa de Marfil el 2010. No obstante, no se pueden minusvalorar los detalles técnicos y logísticos aquí enumerados, los cuales juegan un papel fundamental en los días más cercanos a las elecciones y que pueden ayudar a comprender ciertas reacciones a nivel político.

Albert Caramés es editor de Africaye.org (@albertcarames). Núria Sancho es observadora electoral (@nsanchoa)

Artículo extraído de la web Africaye

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