¿Cuál es la estrategia de Renzi?

matteo_renziMICHELE DI SALVO

Ha empezado la carrera para el Congreso, que Matteo Renzi lanzará oficialmente el 18 de diciembre en la Asamblea Nacional del Partido Democrático (Pd). La idea es simple: Congreso “fácil” en marzo, primarias, nuevo liderazgo a la búlgara, nueva secretaría fidelísima con todas las correcciones posibles respecto a la experiencia precedente, y unas elecciones en junio. Una única, gran y larga campaña electoral, que le ofrece algunas ventajas al ahora ex primer ministro italiano. Entre ellas, al no estar en el gobierno, tiene las manos libres para atacar desde el exterior de los palacios, no dando tiempo a los opositores internos a converger en un líder que sea capaz de ofuscarlo (aunque sólo fuera teóricamente); y no dando tiempo tampoco a que un centroderecha desunido pueda hacer primarias; ni a que el movimiento cinque stelle aclare sus propios frentes internos.

Útil para el propósito será también la nueva ley electoral, de la que nadie podrá acusar a Renzi de aprovecharla para su propio uso al no estar ya gobernando. Probablemente se incluirá la eliminación de la segunda vuelta, y – si las encuestas fueran en esa dirección- un eventual premio electoral a una coalición vencedora, más que a un partido. Hasta aquí la idea, que es muy simple. Sin embargo, su puesta en práctica lo es mucho menos. Veamos los obstáculos:

Empezando por el final, ¿qué es lo que bloquea las elecciones de junio?

Sobre todo se trata del gran partido transversal de los “parlamentarios de primera nómina” (unos 400) que tienen el objetivo de llegar al menos al 1 de octubre para asegurarse la paga vitalicia anual. Entre ellos se encuentran muchos de los que saben que no van a ser ni candidatos de nuevo ni reelegidos, y que tienen el objetivo de conseguir llegar hasta febrero de 2018.

Otro de los bloqueos es debido a los tiempos de la ley electoral, que no se empezará a mover hasta el 1 de febrero, cuando el Consejo haya depositado las motivaciones y el contenido de la sentencia de la ley electoral. Y aquí, si no hay al menos un acuerdo convergente con Forza Italia, la nueva ley tendrá una vida muy complicada. Y eso interesa al partido de Berlusconi, que no tiene ninguna prisa y prefiere alargar el tema, para empujar la caravana electoral de Salvini, prevenir primarias, converger en un liderazgo estable y unir el centro-derecha. Todo lo que, de hecho, necesita tiempo.

Finalmente está el bloqueo de los compromisos internacionales (G7 de Taormina, elección del Secretario General de la ONU, el inicio del procedimiento Brexit, sólo por mencionar lo macroscópico) y los propios compromisos del gobierno, empezando por el decreto de nombramientos de febrero y mayo. Aquí el peón central era Luca Lotti, que hace unos días dejó claro en términos muy claros que “¿si renuncia Matteo, quién nos asegura que los que vienen renunciarán cuando queramos nosotros?”. Y entonces, como garantía de no perder el Palacio Chigi, Lotti se convierte en garante de la continuidad. Mantiene sus funciones y es ascendido a Ministro del deporte, aunque no consigue todo lo que quería. Su poder se entrega en parte a los demás fieles de Renzi: María Elena Boschi ya no es ministra, pero sale fortalecida como la única secretaria de la presidencia, que sostiene delicados expedientes en calidad de secretaria del Consejo de ministros. Más que un Gobierno, se ha creado un bunker. Ya se habla de un cambio en la cúpula de la RAI y del director general del tesoro, Vincenzo La Via. Y después, en primavera, Enel, Eni, Poste, Finmeccanica, Terna y tantos otros cosejos de administración de empresas del Estado. Para el gran final se deja al Banco de Italia, de Ignazio Visco, con un mandato que expira en 2017. Precisamente un lote similar de nominaciones produjeron la aceleración que llevó a Renzi a substituir a Letta.

Llegamos a los obstáculos en la carrera para llegar al Palazzo Chigi.

En realidad no hay muchos, pero todos ellos están relacionados con la ley electoral y sus tempos.
Como ya demostró con el paso rápido entre ganar la secretaria del partido y llegar al Gobierno, Renzi no está dispuesto a permanecer mucho en la vida de secretario general y en sus problemas de gestión (que en gran medida ha delegado siempre), ni está dispuesto a esperar y ver las cosas desde fuera y opinando sin tener un destacado papel político.

Sin embargo, la ley electoral deberá salir de una amplia mayoría en el Parlamento, que tenderá a alargarse en el tiempo. A un centroderecha en busca de unidad y liderazgo no le iría bien una aceleración (aunque sí le gustaría a Salvini).

El movimiento cinco estrellas está al parecer por votar de modo inmediato, pero más de la mitad de sus diputados están en riesgo, sea porque no podrán (o no les dejarán) volver a presentarse como porque no volverían a ser reelegidos, y eso puede dilatar el tiempo. Bajo la superficie tienen también un importante debate interno sobre el liderazgo. El nombre que –hace unas semanas- se suponía firme de Di Maio se puso en discusión rápidamente, siempre con críticas escondidas bajo el tapete de dos pretendientes, como son Fico y Di Battista, listos para patalear a cambio de garantías futuras y de hacer sentir su peso político (y mediático). Para el M5S, su “batalla romana”(que parte del caso Muraro) tampoco va bien para acelerar ningún proceso, al igual que los problemas en Sicilia con los escándalos de firmas falsas.

Por último, el tema del partido ALA-SC (Ala e Scelta civica), que está fuera del gobierno, y cuyos diputados van “en busca de una casa segura” (al menos para conseguir la reelección). Hasta que lo encuentren remarán contra cualquier cosa que les impida ese objetivo. Algunos pensarán que son poca cosa, pero esos 18 votos en el Senado han permitido hasta el momento cuatro años de Gobierno.

El tema de la ley electoral -que va a salir de este parlamento, con este contexto característico y con estos representantes- no es insignificante. Renzi con una segunda vuelta se arriesga, como indican todas las encuestas, a no salir elegido. Sin una prima por ser mayoría no puede gobernar, y sin una prima por ser mayoría no habría ninguna razón para que los partidos de izquierda quieran formar una alianza con el PD para llevar sólo agua para el molino de Renzi y luego no obtener representación parlamentaria. Todo ello es un obstáculo nada indiferente al menos por dos razones. La primera, porque la izquierda podría perder una docena de puntos porcentuales. La segunda razón, porque una lógica de coalición genera “otros líderes” que podrían ser alternativa al mismo Renzi.

A continuación, se abre el capítulo del desafío para el liderazgo de la coalición.

Aquí las cosas se complican porque si Renzi gana las primarias como secretario general del Pd, con una amplia mayoría, pronto también debería ganar las primarias por el liderazgo de la coalición.

Es entonces cuando debería contar con un voto popular amplio, incluso más allá del partido democrático, pero debe descontar el hecho de que todas las minorías salientes del Congreso podrían unir sus fuerzas para hacer un frente común con un candidato externo capaz -eso sí– de unirlos a todos. Es precisamente lo mismo que ya sucedió en Milán con Pisapia, que desafió en primarias abiertas al cadidato del Pd y cuya victoria fue abrumadora. Y no es casualidad si ese modelo, y ese mismo nombre, ahora estén de nuevo en boga. Pero se llame Pisapia o cualquier otra persona, el producto y el esquema no cambian.
Antes de todo este tema, está el reto para ganar la secretaría. Aquí parece obvio su favoritismo, pero con muchas fuerzas contrarias y muchas “minas” políticas. Vayamos por orden. Los componentes del Pd son muchos, a menudo heterogéneos, e incluso los aparentemente poco poderosos puede contar finalmente, sobre todo en las regiones y provincias clave. Muchos de estos -como hemos visto en los últimos congresos- por lo general se mueven a favor del candidato “más fuerte”, o salen “en apoyo” de la secretaria después de su elección.

Justo antes de salir del Palazzo Chigi, Renzi aseguró -o al menos intentó- conseguir la lealtad interna de varios componentes del gobierno, entre ellos el de Orlando, de “los jóvenes turcos”, de Martina, de Franceschini… consolidando y ampliando la que ya era un área renziana. De un golpe, Renzi habría así neutralizado también a posibles antagonistas en el futuro próximo (como Orlando o Martina, por ejemplo) y “esterilizado” el área de Franceschini. Sin embargo, nada es nunca seguro en política italiana.

Por un lado, hoy en día, nadie saldría oficialmente contra Renzi, sino que quedarían a la espera, observando acontecimientos, y tratando de lograr peso interno. Por otro lado, ningún componente del partido, incluso aunque apoye a Renzi, lo querrá extra fuerte, porque una fuerza extra de Renzi –o de los renzianos– haría del propio apoyo algo substituible. Querrían un Renzi fuerte, sí, pero hasta cierto punto.

En cualquier caso, los riesgos porcentuales no parecen ser demasiados en esas primarias (los militantes de base del Pd escogerían a Renzi en un 52 % y los diez líderes que van por detrás, según las encuestas, no recogen individualmente más que del 12 a 4 % de los votos). El juego puede estar en las convergencias, y sobre todo con algún outsider del partido, capaz de polarizar y unir a las corrientes individuales. También por ello Renzi acelera y aumenta sus apariciones y gestos internos, probablemente metiendo mano también en el reglamento para dificultar que haya más candidatos, variando alguno de los requisitos para presentarse. Como ven, esto significa, para Renzi, cualquier cosa menos una renuncia al poder interno.

Si sumamos todos estos factores juntos y concentramos estos desafíos en el próximo semestre, ese patrón que hemos descrito al principio -que parece simple y directo- está empezando a serlo un poco menos.

Ser capaz de llevar a casa un buen resultado en marzo, con gran dificultad e imprevistos, puede ser el paso más sencillo. Pero, ¿qué ocurre si la ley electoral no es la buena (para sus intereses), o si las circunstancias arrastran al gobierno y el parlamento hasta septiembre o, peor, hasta febrero de 2018? ¿Qué nuevos escenarios se abrirían para un secretario general de partido que no puede “invertir” el crédito político del que dispone?

Enfrentarse al desgaste de una secretaria, al alejamiento (también mediático) del Palazzo Chigi, al fortalecimiento de los ministros actuales -e incluso de algunos renzianos-, así como a una campaña permanente de más de un año… no son deportes donde Matteo Renzi parezca brillar particularmente.

 

Michele di Salvo es CEO de Crossmedia Ltd. Especializado en relaciones públicas y comunicación. Escribe en micheledisalvo.com, colabora con numerosos medios de comunicación y es especialista en estrategia de campañas. (@micheledisalvo)
Traducido por Xavier Peytibi. Leer el original en italiano.