La película: Palmeras en la nieve

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FERNANDO NTUTUMU

Respecto al aspecto histórico, poco se puede decir más allá de que, al utilizar mucho el recurso del flashback, la contextualización histórica se convierte en esencial. Son dos tramas que se narran entrecruzándose, de manera muy habilidosa, en pasado (mitad del siglo XX) y presente narrativo (finales del siglo).

En el ámbito cultural, la sensación es que éste es una vertiente anecdótica de la película, lo cual se comprende puesto que está orientada al entretenimiento y no a la divulgación. Uno se pregunta si, sin embargo, el filme debería informar, por ejemplo, de que Guinea se compone de una zona continental y otra de islas; de que Malabo –entonces Santa Isabel– se encuentra en una de ellas; o de que ésta es la capital del país. Y uno echa de menos, aunque se centre en la bubi, que la película informe de la existencia de otras etnias y clanes como los fang, los annoboneses o los combe, entre otros.

Mi principal crítica hace referencia a la oportunidad perdida para tratar la realidad histórico-política de la excolonia y su relación con la metrópolis española; y para explicar las causas políticas de las consecuencias que la película sí deja vislumbrar (principalmente en el momento de la descolonización). No quedan claras y eso irrita puesto que da la sensación de que no llega a hacer justicia. ¿No debería Palmeras contestar a preguntas como por qué los autóctonos miran, a partir de determinado momento, a la gente blanca con rabia? Da la sensación de que se debe a la trama de amor entre los personajes, cuando la realidad es que es fruto de una experiencia histórica más allá de los personajes representados: el rechazo hacia el hombre blanco es consecuencia de la historia de una nación que oprime a otra, de una población que somete a otra a la servidumbre. Es un rechazo consecuencia de la rabia contenida por la invasión, el desprecio y la apropiación de una gente, sus tierras y sus recursos durante años. Y consecuencia también de la prostitución de su dignidad a través de la obediencia a la metrópolis. Todo esto no queda claro (casi se camufla) y eso preocupa.

Palmeras deja la sensación de que sus autores deberían haber sido más valientes. Deberían haber tocado con más atención temas espinosos como qué es Black Beach y cuáles son los horrores que allí se perpetran y se perpetraban. También alguien debería haber insinuado con más convicción que la expulsión de España no fue sólo una cuestión de azar alentada por un contexto de descolonización de otros territorios, sino más bien una reacción natural (en el sentido más estricto de la palabra) ante años de explotación, humillación y servidumbre. La reacción ante una situación injusta era previsible (sí, es cierto que algunos personajes lo sugieren), pero no queda del todo explícito.

No fue una salida, fue una invitación a salir (por decreto de expulsión del primer presidente electo, Francisco Macías Nguema, y tras la Crisis de las banderas). Las últimas imágenes de la película, en la que los españoles son prácticamente perseguidos hasta las lanchas que les conducirían de vuelta a España, son una pequeña pero potente muestra de cómo España salió de Guinea. Pequeña por lo breve, pero potente por su peso relativo dentro del mar de ocultamiento y desconocimiento que el gran público en España tiene respecto a qué es Guinea Ecuatorial y por qué en un determinado momento ésta dejó de aparecer en los libros de texto. No está mal que, aunque de manera tangencial, esto se comunique al gran público en un formato como éste; que se refresque la memoria a la amnésica conciencia histórica española; y que se colabore a mejorar la comprensión de la dura realidad de aquellos que parten forzosamente de unas tierras para llegar a otras. Llámenlo como quieran: exilio, asilo, refugio, retorno, expulsión, emigración… La realidad es que la historia está hecha de salidas forzosas y a los europeos parece habérsenos olvidado.

Fernando Ntutumu es politólogo por la Universidad de Valencia y máster en democracia y gobierno por la Universidad Autónoma de Madrid. Responsable de comunicación de la Asociación Valenciana de Politología (AVAPOL). (@Ntutumu)
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