La Unión Europea ante el ‘Brexit’: tocada pero no hundida

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SUSANA DEL RÍO VILLAR

La campaña en el Reino Unido pro ʻbrexitʼ mantuvo varios mensajes constantes en las argumentaciones hacia los ciudadanos británicos. Esos mensajes estuvieron basados en mentiras y en medias verdades que provocaron el miedo a lo que suponía continuar permaneciendo en la Unión Europea.

Los asuntos que repitieron los políticos que buscaban el voto para abandonar la UE y no continuar formando parte de los Estados miembros europeos fueron: la inmigración, la llegada de refugiados que huyen de la guerra de Siria, la posible entrada de Turquía en la UE, la pérdida de control en la frontera, la cantidad que el Reino Unido aporta a la UE y asuntos relacionados con la crisis económica.

Tan solo unos días después de haber ganado el ʻbrexitʼ en el referéndum, estas mentiras y medias verdades fueron destapadas ante el asombro, la decepción, y también el miedo, primero, de los ciudadanos británicos y, después, de los ciudadanos europeos de todos los países, de los representantes de las instituciones y de los políticos en general.

La campaña pro ʻbrexitʼ estuvo basada en unos datos falsos que conectaron con la esfera más emocional de los votantes que, ante el desconocimiento y el contexto complejo que está atravesando la Unión Europea desde hace unos años, llevaron a dar crédito a esas mentiras y a no prestar atención a lo que de verdad es y significa formar parte de la UE.

En política, y en la tensión propia de una campaña, se debe alternar la faceta racional con llegar a conectar con la faceta emocional del ciudadano votante. En la campaña pro ʻbrexitʼ se utilizaron elementos de raíz racional, como son los datos y las cifras, para hacer saltar el resorte de una reacción emocional, el miedo. Ha sido tan acusado este modo de “tocar las teclas” y los políticos pro ʻbrexitʼ lo han realizado y transmitido de una manera tan manipuladora, y habría que decir eficiente, que el asesinato de la joven diputada laborista Jo Cox, por supuesto que conmocionó y nos dejará siempre un poso muy triste de lo que no debe ser nunca una campaña política en la que se ha quitado la vida a una persona, pero, y eligiendo las palabras con el máximo cuidado y respeto, emocionó y entristeció pero no produjo el efecto reflexivo auténtico que desde luego merecía.

El hecho de que los jóvenes británicos votaran en general a favor de permanecer en la UE y que fueran los mayores los que inclinaran el resultado a favor de la salida, nos lleva a dos indicadores visibles de manera muy directa.

Por un lado, que la generación de más edad se movilizó más y que lleva su “identidad británica nacionalista” como un rasgo de su personalidad que prevalece sobre lo que significa conjugarla y compartirla con la identidad y la soberanía europea. La soberanía con la que cuenta la UE está compuesta por la suma de las partes de “soberanía” cedidas por sus Estados miembros y son, como las sinergias, más que la suma de sus componentes, va más allá y crea soberanía postnacional, la soberanía supranacional europea.

Por otro lado, el segundo indicador es el que está relacionado con la información que dispone la juventud británica. Los jóvenes británicos conocen bien lo que es la Unión Europea, y los derechos, deberes, responsabilidades y oportunidades que comporta pertenecer a ella. La juventud británica conoce por ejemplo el programa Erasmus. Los jóvenes del Reino Unido se sienten británicos y europeos y valoran ser ciudadanos europeos. A esta generación, se le ha privado de continuar proyectando su futuro educativo, universitario y profesional en la Unión Europea

Muy cercana a las afirmaciones contundentes, drásticas, constantes y falsas durante la campaña, se encuentra otra reacción ligada a la emoción más que a la razón: el orgullo. Los británicos, en su mayoría, guardan una actitud de cierto recelo ante el resto de países que integran la UE. En realidad, nunca han estado dentro del todo y, por lo tanto, tampoco fuera del todo. En general, están cómodos con su situación y ubicación “isleña”, con una relación de amor-odio respecto al continente europeo y a su proyecto de integración. Para una amplio número de británicos, su virtud no es formar parte de la UE, sino hacer equilibrios en la cuerda floja entre los polos de la integración europea y, al mismo tiempo, “ayudar” a desequilibrar tanto la propia integración, y su fortaleza, como la conexión y avance conjunto de los veintiocho Estados miembros que la constituyen.

Lo que ha puesto sobre la mesa la campaña pro ʻbrexitʼ es que es relativamente fácil engañar con los datos y que al votante, al ciudadano de a pie, le llega antes el “peligro” en relación a temas preocupantes, que el riesgo, aún mayor, derivado de lo que puede suceder abandonando la UE.

Por todos estos elementos y por cómo se han conjugado, y confabulado, en la campaña pro ʻbrexitʼ, podemos extraer que la emoción negativa ha sido clave en el resultado del referéndum británico y que las argumentaciones de los políticos, que casi de forma desesperada alertaban de las consecuencias de abandonar la UE, han tenido menos poder y peso que las mentiras repetidas para provocar la salida del Reino Unido de la UE.

En relación a la cantidad aportada para la campaña pro ʻbrexitʼ, fue mayor que la destinada a apoyar la permanencia en la UE, los intereses de determinados grupos llevaron a promover el populismo. Resulta paradójico que la clase trabajadora británica, que es a la que se transmitió más miedo y la casi urgente necesidad de salir de la UE, es el sector de la población que más va a sufrir la salida del Reino Unido de la UE. Es en este punto en que enlazamos de manera directa con los lugares en los que se lanzaban los mensajes.

Aunque se llevaron a cabo debates entre los políticos en televisiones y otros foros mediáticos, el debate mayor tuvo lugar en los centros sociales, parroquias y bibliotecas. El hecho de que los debates lleguen también a la calle, que en principio es positivo para la democracia, en el caso del referéndum del Reino Unido lo que en general impulsó no fue un debate real democrático de calidad, sino un debate basado en datos ficticios dirigidos a provocar el miedo en los votantes. Por ello, podemos afirmar que lo que prevalecía no era un debate político que nace de las ideas y de una buena confrontación enraizada en posiciones encontradas pero racionales y de política real. El debate político durante la campaña no tuvo el nivel que requería la decisión tan relevante, y determinante, para el futuro de los británicos y la responsabilidad hacia ellos mismos y de las futuras generaciones, sin olvidar la responsabilidad hacia los ciudadanos de la Unión Europea en su conjunto, los ciudadanos europeos.

El ʻbrexitʼ representa una catarsis de envergadura para la Unión Europea, sus representantes institucionales, gubernamentales y sus ciudadanos. Los profesores dedicados a enseñar la UE y a analizar la política europea compartimos la responsabilidad de analizar de manera muy seria y académica qué ha sucedido, tenemos que ser capaces de explicarlo muy bien. La UE tiene que iniciar un proceso de separación de un Estado miembro que nunca ha emprendido. Es doloroso, requiere ajustes y una buena planificación y agenda institucional y política.

La campaña pro ʻbrexitʼ ha mostrado que hay que calar sobre lo que es y lo que significa Europa, y sobre los logros y fortalezas de la UE poco a poco, como la lluvia fina. La campaña pro ʻbrexitʼ hace tangible que hay que saber contar los mensajes ciertos, y verdaderos, de lo que es la UE y de lo que constituye, de manera clara y contundente, con datos reales, racionales y concretos bien visibles, que se toquen. Pero la UE seguirá trabajando y configurando su proyecto de integración constante. Aunque con el ʻbrexitʼ la UE se nos haya “desintegrado” un poco y tengamos que decir que ya no somos 28 sino 27, escribo a propósito los números, seguimos avanzando dando un impulso mayor a la necesaria renovación y creación de algunos asuntos y políticas europeas humanitarias, solidarias, de seguridad y de economía urgentes.

El “terremoto” ʻbrexitʼ llevará a la reestructuración necesaria para el futuro de la UE, guardando sus logros, sus valores y sus pilares esenciales e inamovibles. ¿Cómo está la Unión Europea ante el ʻbrexitʼ? Tocada, pero no hundida. Viva Europa.

Susana del Río Villar es doctora en Ciencias Políticas, miembro del Comité de expertos de la UE y directora de los proyectos europeos Upgrading Europe y Erasmus+ AGM+. Su último libro es Europe: Project and Process. Citizens, Democracy, Participation, (2014). (@su_delrio)

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