Liberland y un supuesto mundo mejor

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CARLOS CARRASCO

Hay que eliminar todos los impuestos. La policía debe ser privatizada. El gobierno no debe interferir en nuestros asuntos. Son algunas consignas para “un mundo mejor”. ¿Su autor? Vít Jedlička. Supongo que muchos os preguntaréis quién es Vít Jedlička, pero antes de que os lancéis a Google a buscar su nombre, os animo a seguir leyendo para conocer mi experiencia con él y sus ideas.

Son las dos del mediodía y llueve en Barcelona. He llegado medía hora antes de lo esperado pero al aparcar la moto veo que mi amigo ya está allí… y no está solo. En medio de la calle Santaló hay un hombre alto, rubio, enfundado en un traje y sujetando una bandera que no reconozco. Le están fotografiando. Doy por hecho que se trata de Vít Jedlička, presidente de la República de Liberland, y con quién vamos a compartir mesa durante la comida.

Saludo a mi amigo y nos tomamos algo antes de entrar en el restaurante. Nos ha invitado una asociación de liberales de Barcelona y, mientras sus miembros van llegando poco a poco, nosotros observamos como un par de periodistas charlan con el presidente de la nueva república. Conocemos a uno de los dos periodistas, así que al terminar su entrevista se nos acerca y nos suelta un “vais a tener una comida muy entretenida, os lo aseguro”.

Sin saber a qué se refería, entramos en el restaurante. Nos sentamos y empezamos una ronda de presentaciones. En la comida hay presentes profesores de universidad, periodistas, estudiantes, directivos de empresas y profesionales varios. Les une una cosa en común: la pertenencia a la asociación liberal. Mi amigo y yo somos invitados de excepción. De hecho, hemos sido invitados a pesar de tener ideas contrapuestas con los presentes. Supongo que para dar un poco de alegría a la mesa en cuanto empiecen las preguntas.

Lo primero que vemos es que no es fácil definir a Vít Jedlička. Es una persona alegre (no deja de sonreír en toda la comida) que cree en lo que hace y dice. El problema es discernir si su férrea creencia es más un signo de ingenuidad o fruto de una decisión y estrategia meditada. La comida empieza con un resumen de su pasado. Vít es un economista de 31 años, miembro del partido euroescéptico Free Citizens Party y nacido en la Checoslovaquia del año 83, diez años antes de la desintegración del país, algo que parece haberle marcado e influenciado en sus ideas políticas. Actualmente, su tarjeta de contacto le presenta como Presidente de la República de Liberland.

Liberland es un auto-proclamado micro-Estado entre Croacia y Serbia, a orillas del Danubio. Su proclamación como Estado tuvo lugar en abril de 2015, cuando Vít plantó una bandera en un campo de cultivo lleno de malas hierbas y junto a una casa abandonada (la única estructura humana del Estado recién nacido). Le acompañaron un reducido grupo de amigos y simpatizantes liberales. La única ley del territorio es una constitución de 4 artículos en los que se establecen la carta de derechos, los límites del poder legislativo, los del poder ejecutivo y los del poder judicial. La constitución de Liberland se redactó de forma colaborativa a través de la plataforma GitHub[1] y puede ser consultada en su web.

Algunos de los artículos destacados y curiosos de la constitución es que la República de Liberland no puede endeudarse y, en caso que así sea, serán los representantes que votaron a favor de la política los que pagarán de su bolsillo la factura pendiente. Dada su voluntad de erigirse como el paraíso liberal, todos los impuestos están prohibidos en la constitución, exceptuando una posible tasa sobre el suelo. Dado que, de momento, las finanzas del país no son muy boyantes, la propia web de Liberland ofrece diversas posibilidades de financiar la aventura a través de transferencias y donaciones a una cuenta bancaria radicada en… Suiza.

En cuanto Vít empieza a explicar sus ideas y, sobretodo, cuando empieza a dar detalles sobre la República de Liberland, empiezan las preguntas. Las nuestras, las de los invitados de excepción, las primeras. ¿Cómo escogiste el emplazamiento donde fundar la nueva república? – pregunta mi amigo- y Vít nos responde con un sorprendente “buscando en Wikipedia”. Resulta que tras venirle la idea a la cabeza, se dedicó a buscar por Wikipedia algún territorio que no estuviera reclamado por otros Estados. Lo encontró entre la frontera de Serbia y Croacia, una extensión de 7 quilómetros cuadrados sin ningún habitante, únicamente una casa abandonada y una orilla al río Danubio. Empezamos a entender por qué el periodista nos dijo que íbamos a tener una comida entretenida, pero la cosa iba a desvariar aún más.

El presidente de Liberland empieza a exponer sus ideas en referencia a la seguridad interna y externa del país. Propone crear un market-place (literalmente) de seguridad aprovechando las nuevas tecnologías. Su idea es crear una aplicación parecida a Uber (sí, citó el ejemplo de Uber) en la que los vecinos ofrecieran sus servicios de protección y los ciudadanos pudieran puntuarlos según las tareas realizadas. Por supuesto, esto implica una serie de problemas de organización mayúsculos: ¿qué pasa si no puedo pagar por mi protección? ¿Qué pasa si pago para hacer cualquier mal a otro ciudadano? ¿Qué pasa con el free-riding? Al fin y al cabo, si mis vecinos pagan una buena seguridad, yo me puedo aprovechar de ella sin pagar un duro. Nadie parece hacerse estas preguntas. Los asistentes compran todos y cada uno de los argumentos de Vít Jedlička ante la estupefacción de mi amigo y mía. Los argumentos, a pesar de su pobreza justificativa, son aceptados cual dogma religioso. No hay discrepancia, hay fe. O eso parecía.

En cuanto empezamos a hablar de economía empiezan a aparecer las primeras grietas entre los miembros de la asociación. El presidente Jedlička propone crear un paraíso fiscal con cero impuestos (y así está establecido en la constitución). Un profesor de economía presente en la comida pregunta si no podría establecerse algún impuesto, por ejemplo en los combustibles, para financiar algún servicio básico. Rápidamente otros miembros de la asociación descartan la idea. “No, no puede existir ni un solo impuesto porqué eso distorsiona el mercado” replica otro presente. Vít Jedlička asiente con la cabeza y el profesor prefiere no seguir con la discusión. Si existiera una app para puntuar liberales, el pobre profesor ya habría visto reducido su rating.

La situación se vuelve grotesca cuando, al finalizar la comida y después de despedirnos de Vít, se nos acerca el directivo de una empresa. ¿Qué tal? ¿Qué os ha parecido? – nos pregunta. Sin esperar nuestra respuesta, sigue hablando “debería existir más gente como Vít, que promueva nuestras ideas”. Mi amigo y yo salimos del paso como podemos y nos dirigimos a la puerta del restaurante.

Para asimilar tanta información, nos tomamos un café en una terraza junto al restaurante. Pronto se nos unen algunos de los asistentes y comentamos la jugada. Parece que no somos los únicos que nos hemos quedado sorprendidos con las ideas y argumentos de Vít Jedlička. A pesar de que ellos se definen como liberales, buena parte de lo expuesto durante la comida les suena a ciencia ficción. Incluso nos llegamos a plantear que se trate de un plan genial de un “vividor” que se nutre de donaciones de liberales de todo el mundo para viajar de país en país, invitado de comida en comida… todo a cargo de su cuenta en Suiza nutrida por donantes de todo el mundo.

Personalmente no compro ni una de las ideas que comentó Vít Jedlička durante la comida, pero sí que se abrió un debate interesante que quedó sin respuesta: ¿hasta qué punto lo que parece la idea de un loco puede convertirse en una realidad si, de facto, los países contiguos empiezan a interactuar (a favor o en contra) con tu nueva república?

[1] https://github.com/liberland/constitution/blob/master/Liberland-constitution.md

Carlos Carrasco es investigador sobre Smart Cities, Big Data y Gobierno en el IESE Business School. @CCFarre
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