Los partidos islamistas 2.0 y los nuevos “new media”

Al Jazeera

ESTHER PUNTERO

Los medios de comunicación siempre han estado ligados a los procesos sociopolíticos de las sociedades modernas, y en el caso del mundo árabe-islámico no ha sido diferente. Han estado presentes en su doble función de espejos y narradores de una realidad histórica, así como creadores o moderadores de la opinión pública.

En la región árabe, las transformaciones políticas que dieron lugar a los procesos de descolonización y posteriormente a los regímenes autoritarios, originaron una serie de procesos a su vez que han dado como resultado unos medios de comunicación con unas características particulares. En la época colonial, los medios estaban en manos del país colonizador y elaboraban la información en función de la política colonial. Posteriormente, en la época de la independencia, comienza la arabización y la nacionalización de la información que se pone al servicio del Estado, que controla los medios por razones políticas, sin dar cabida a la libertad de información. Actualmente predomina el carácter político de la información. Da igual que los medios estén en manos públicas o privadas, porque en todos los medios hay huellas patentes del autoritarismo, la dominación y la coerción de la política estatal en los sistemas de comunicación (Warda, 2012). Desgraciadamente, hoy en día, todavía podemos incluir a los medios de comunicación árabes, en los denominados sistemas de exclusión de masas, medios subordinados al Estado como instrumentos de propaganda, donde la crítica es limitada y donde los medios privados también son afines al gobierno.

Pero con la llegada de las antenas parabólicas e internet, la televisión va a tener una posición predominante en la configuración de los idearios colectivos de los países árabes. Como ejemplo de esta revolución encontramos en los años 90 a la cadena qatarí Al-Jazeera. Desde su creación esta cadena de televisión por satélite ha ido consolidándose como un importante actor de la comunicación global y a la vez como la fuente más fiable e influyente de información para los árabes en todo el mundo. Si bien hay que señalar que en sus inicios estuvo muy marcada políticamente por la ideología fundamentalista de los Hermanos Musulmanes, posteriormente se ha ido suavizando, dando lugar a una cadena de televisión donde se puede expresar una opinión y la contraria sin represalias del poder.

Con la llegada de la globalización ya no es posible controlar los flujos informativos y cuando las nuevas tecnologías irrumpen con fuerza en las universidades y en los hogares, es imposible practicar un blackout informativo. Por este motivo, internet y las redes sociales se han convertido en el gran enemigo de los regímenes autoritarios y, a su vez, en el gran aliado de los movimientos sociales y partidos islamistas que han estado prohibidos o se hallan en la oposición en los diferentes países del mundo árabe-islámico.

Después de las revoluciones árabes, nos encontramos dentro de un nuevo paradigma del fenómeno new media, entendido como la combinación de medios globales de comunicación, redes sociales y tecnología, que han sabido aprovechar y utilizar los partidos islamistas para la difusión de su mensaje político. Siguiendo la estela de Al-Jazeera, Hezbollah en el Líbano, con la ayuda financiera de Irán, creó el canal de televisión Al-Manar y los islamistas palestinos de Hamas crearon Al-Aqsa, cadena que fue atacada posteriormente por las tropas israelíes en 2012.

Tras el estallido de la llamada “Primavera Árabe”, se ha prestado más atención informativa a la influencia de la televisión por satélite que hacia la relación de los movimientos islamistas con internet. Se habla poco en el mundo occidental de los partidos islamistas y su relación con las nuevas tecnologías, y éstas se suelen asociar a actores muy alejados del islam político. Pero la realidad es que los partidos y movimientos islamistas han sido los primeros dentro del mundo árabe en utilizar las nuevas tecnologías: desde los años 90 estos movimientos han ido abriendo foros y sitios web donde se brinda al usuario un espacio de interacción y debate. Por ejemplo el fenómeno de los bloggers también ha sucedido en la escena islamista. Es más, si nos adentramos en Egipto, por ejemplo, podemos ver que los Hermanos Musulmanes ya promocionaban a sus candidatos “independientes” por la web en las elecciones legislativas de 2005 y crearon para ello la web anglófona Ikhanweb, que ofrecía un enlace a la web arabófona ya existente Ikwanonline. Posteriormente, los Hermanos Musulmanes han desarrollado sus propios canales de comunicación en la Red y su presencia en las redes sociales.

Los partidos islamistas han utilizado las redes sociales y las nuevas tecnologías como instrumentos propagandísticos que trasmiten a la ciudadanía los mensajes de sus líderes o candidatos electorales. Aunque haya variaciones, las modalidades de elaboración y participación desde abajo de los grupos islamistas son idénticas a las que caracterizan el activismo en general: participación e interacción, relaciones horizontales y flexibles, y partidarios de la libertad de expresión (Angelis, 2013). Es interesante ver como los partidos salafistas, aquellos que en principio reniegan de la modernidad, utilizan las redes sociales, en especial Facebook, como es el caso del partido egipcio Al-Nur, para difundir su mensaje.

En la actualidad, después de los estallidos de las revueltas en los diferentes países árabes y el papel que presuntamente han desempeñado las nuevas tecnologías, especialmente las redes sociales, todos los partidos, incluso los islamistas más radicales, han empezado a prestar más atención al mundo de internet y a comprender lo importante que es el uso de las redes sociales de un modo más controlado para que éstas difundan el mensaje político del partido. Si hoy en día hacemos una búsqueda en internet de los principales partidos islamistas del mundo árabe, nos encontraremos que la inmensa mayoría de ellos tienen web propia en la que es posible visionar no sólo sus programas políticos, sino también sus actividades, las opiniones de sus líderes, etc. Hay partidos que no tienen web propia, pero crean páginas de Facebook en las que se puede encontrar todo su ideario político, así como toda la actividad del partido en cuestión. Por ejemplo, el Frente de Acción Islámica de Jordania tiene una página web http://www.jabha.info/ donde es posible introducirse en la vida del partido. Los partidos islamistas nuevos que aparecen tras las revoluciones nacen ya con una página de Facebook, como el Libyan Wasat Party  (https://www.facebook.com/alwasat.libyan.party), aunque después sean partidos que no sobreviven en el sistema político, como es el caso de éste último.

A través de los nuevos new media, podemos también analizar y ver la evolución que han sufrido muchos partidos islamistas desde su fundación hasta la actualidad. Si bien el fenómeno del islamismo es extremadamente complejo, al presentar una gran variedad de corrientes y de opiniones, y de formas de interpretar el propio Islam, a través de los new media se puede observar la evolución ideológica de estos partidos hacia lo que Bayat denomina un posislamismo. Los partidos islamistas que derivan hacia esta tendencia tratan de construir y generar una opinión en la población que se centre más en las garantías de los derechos y libertades que promueve el propio Islam, que en las obligaciones que éste conlleva. Un ejemplo de ello es la transición que ha llevado a cabo el partido En Nahda tunecino. Su líder, Rachid Ghanuchi, con una trayectoria marcadamente radical, prometió en 2013, tras ganar las elecciones, respeto a la modernidad, a las libertades civiles y a los derechos democráticos. En Túnez se promulgó la primera Constitución dentro del mundo árabe que prescinde de la ley islámica la shari’acomo fuente de derecho e institucionaliza un Islam compatible con la democracia.

Mediante las redes sociales, especialmente Twitter o Facebook, los jóvenes de las sociedades árabes han podido expresar sus críticas y sus frustraciones vitales hacia unos regímenes autoritarios que no han hecho otra cosa que socavar al Estado para utilizarlo en beneficio propio, llevando gran parte de la población a la marginación y a la pobreza. Los nuevos medios de comunicación han brindado una oportunidad a estas sociedades de poder organizarse e iniciar procesos de cambio. Es el caso de Túnez, país donde comienzan las protestas y donde se ha conseguido la cohabitación política y pacífica entre un islamismo moderado y el laicismo de izquierdas. Un hecho insólito en un país árabe-musulmán y que se muestra como un signo de esperanza de que el diálogo, el consenso y la mejora de las condiciones de la sociedad son posibles.

La contribución del desarrollo tecnológico de los medios de comunicación para provocar cambios sociales ha sido demostrada a lo largo de la historia. En el mundo árabe no ha sido diferente del denominado mundo occidental, y lo mismo con la aparición de internet que está provocando cambios cruciales en las relaciones personales (Castells, 2001). Los partidos islamistas han utilizado las nuevas tecnologías, de la misma forma que cualquier otro actor político lo hace para difundir su mensaje, pero en un entorno marcado por la censura y la falta de libertad de expresión. Desde la perspectiva de la comunicación, el proceso revolucionario que se desarrolla a partir de 2011 tuvo su punto de partida en los años 90 (Majdoubi, 2011), cuando los regímenes autoritarios dejan de tener el control absoluto sobre la información. Gracias al desarrollo en una primera etapa de los canales vía satélite, principalmente la cadena Al-Jazeera, las sociedades árabes podían contrastar las noticias que recibían de los medios de comunicación “oficiales”. En una segunda etapa, ello es posible con la aparición de internet, de las redes sociales y con la expansión, a su vez, de la prensa digital.

A modo de conclusión, podemos decir que el desarrollo tecnológico de los medios de comunicación ha contribuido a crear en las sociedades del mundo árabe-musulmán una opinión pública que ha podido superar el aislamiento al que estaba sometida, hacer visibles los conflictos que en ella perviven y poder conseguir apoyos no sólo dentro de la misma, sino también del exterior. La Red y las redes sociales han dado posibilidades de hacerse oír a actores políticos que estaban silenciados dentro de estos regímenes por la censura, bien porque estaban en la oposición, bien porque estaban prohibidos, como es el caso de muchos partidos islamistas.

Esther Puntero es consultora política e investigadora predoctoral en Ciencia Política (@epuntero).
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