¿Quién votó Brexit?

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BERTA BARBET

A pesar de la victoria del brexit, el resultado del 23 de junio deja un país dividido casi por la mitad entre partidarios de quedarse en la UE y partidarios de salir. Una división que seguramente va a condicionar la política británica de los próximos años y la posición de todos los actores de cara a la negociación. Pero, ¿qué se esconde detrás de estas líneas divisorias? ¿Cuáles son las características que mejor explican la posición de los británicos en este debate, en general, y en el voto del 23 de junio, en particular?

A pesar de que hay muchas variables que están correlacionadas con el voto, como religión, etnia o sector profesional, las encuestas hechas después del referéndum (I, II, III) muestran cuatro grandes líneas de división del país. Cuatro líneas que se han mantenido bastante constantes a lo largo de todo el proceso, incluso antes de empezar la campaña.

La primera línea es la generacional. Se miren los datos que se miren, los jóvenes británicos son claramente más partidarios de permanecer en la UE que los mayores. De hecho, entre los menores de 25 años el apoyo al remain siempre ha sido claramente superior. Es sólo a partir de los mayores de 45-50 años que esta tendencia se revierte y el ‘leave’ gana de forma clara. Esta tendencia, además, se reproduce tanto entre hombres como entre mujeres. A pesar de la ligera diferencia entre el apoyo al remain entre los dos grupos (las mujeres eran un poco más partidarias del statu quo que los hombres), la tendencia a que los jóvenes sean mayoritariamente partidarios de quedarse en la UE y los mayores no, es clara en los dos grupos. Parece pues, que hay una parte del voto que es generacional o de ciclo vital, con aquellos más jóvenes y/o que más claramente se han socializado dentro de la Unión Europea, más partidarios de quedarse en ella.

% de apoyo al brexit por grupo de edad (YouGov)

Total

Hombre

Mujer

18-24

29

39

20

25-49

46

47

46

50-64

60

61

60

65+

64

62

66

 

La segunda gran línea de división, muy comentada por las implicaciones que puede tener a nivel de la futura articulación del país, es la territorial. Así, a pesar de que el resultado global es una victoria del ‘leave’ hay hasta tres regiones donde el remain se impusó de forma clara: Escocia, Irlanda del Norte y Londres. Los motivos de este resultado son seguramente distintos dependiendo de la región de la que se trate. Así, temas como el mantenimiento de los acuerdos de paz y la facilidad de movimiento, las dinámicas políticas y la situación económica, seguramente han tenido un impacto distinto. Sin embargo, parece evidente que estas regiones quieren seguir estando en el mercado único y que, incluso, se muestran partidarias de mantener la libertad de circulación, algo que los representantes políticos deben tener en cuenta a la hora de negociar el nuevo acuerdo.

La tercera gran línea divisoria del conflicto es la socioeconómica. Esta línea está marcada por la llamada batalla entre ganadores y perdedores de la globalización. Así, aquellos con menos estudios y de clase social más baja se han mostrado tradicionalmente más partidarios de salir de la UE, mientras que el apoyo a permanecer en el club europeo entre universitarios y clases altas y medias-altas sería incontestable. Este segundo clivaje, se explicaría por una diferente percepción del impacto económico de la UE: con aquellos que tienen una buena situación económica siendo partidarios de no arriesgarse a salir, y aquellos que se sienten perdedores en la situación mostrándose mucho más partidarios a tomar el riesgo de salir. No queda claro, sin embargo, hasta qué punto esta sensación de ser un perdedor de la globalización representa a los grupos cuya posición ha empeorado en los últimos años, es decir que realmente se han visto perjudicados por la integración económica del país en el mercado europeo, o si es un tema más general, y tiene poco que ver con el impacto de la UE en la situación de la gente. Aunque, según los datos a nivel agregado parece más probable lo segundo que lo primero.

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Por último, nos encontramos la división política. Como algunas voces han hecho notar, a pesar de que algunas características sociodemográficas correlacionan bastante bien con el voto, ninguna de ellas consigue correlacionar tan fuerte con el sentido del voto del 23 de junio como las variables que tienen que ver con las preferencias y la visión políticas. Esto no es necesariamente sorprendente, es lógico que las actitudes, que son posteriores y por tanto más cercanas al comportamiento, expliquen mejor el voto que las características demográficas, por lo general bastante anteriores, y por lo tanto muy susceptibles a que su efecto sea moderado por otros elementos. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, más allá de divisiones territoriales, generacionales o de clase social, lo que nos encontramos en el referéndum sobre el brexit, es una división política muy fuerte, con dos visiones del mundo y del país enfrentadas de forma bastante clara.

Un elemento a tener en cuenta a la hora de entender el efecto de las variables políticas es que los valores que han estado en juego en este debate no son necesariamente los mismos que están en juego cuando los votantes escogieron a sus representantes en las elecciones generales de 2015. Las coaliciones creadas, pues, no reproducen exactamente las coaliciones existentes en el país. Es cierto que el apoyo al brexit no es igual en todos los partidos, pero los datos de las encuestas muestran que la mayoría de ellos tenían a su electorado bastante dividido en el referéndum (con la única excepción, no sorprendente, del UKIP). Así, hasta un 39% de los conservadores votó a favor de la permanencia, a pesar de que la mayoría (61%) lo hizo por la salida. De forma similar, hasta un 32% de los liberal-demócratas y un 35% de los laboristas votaron a favor de la salida, a pesar de que la mayoría de los líderes y votantes de estos partidos lo hizo por la permanencia.

El voto y la identificación partidista no es la variable que mejor explica la intención de voto en el referéndum. Lo que mejor explica la posición en el nuevo clivaje abierto en el país son las actitudes culturales. Concretamente, aquellos con visión conservadora y crítica con los progresos del país votaron mayoritariamente por la salida de la UE, mientras aquellos más optimistas y progresistas votaron a favor. Así, aquellos con visiones negativas del feminismo, el ecologismo o el multiculturalismo o el liberalismo social, votaron mayoritariamente a favor del brexit, mientras que aquellos que creían que habían supuesto algo positivo, votaron a favor del remain. El voto tenía, pues, un alto contenido cultural de protesta contra los cambios que estaba sufriendo el país a nivel político y social.

encuesta brexit

Seguramente, relacionado con esto encontramos también importantes diferencias en el apoyo a la UE según la identidad nacional. Aquellos que se sentían más británicos muestran consistentemente apoyos más grandes a la UE que los que se sentían ingleses, escoceses o galeses.

Berta Barbet es politóloga por la Universidad Pompeu Fabra, máster en comportamiento político por la Universidad de Essex y doctora en ciencias políticas por la Universidad de Leicester. (@bpberta)

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Fuente de la imagen CNBC.