Serie: La agenda de Borgen

BORGEN

FERNANDO CUÑADO

“El objetivo final de la campaña electoral es la simplificación de las cosas. Colocar dos o tres mensajes claves y hacer que tú oponente parezca un estúpido”. Quien habla así es la analista política Hanne Holm en un plató de televisión. Son los primeros minutos de Borgen, Y esta actualización de la teoría de la agenda setting es toda una declaración de intenciones.

Se trata de una serie de tres temporadas emitida por la televisión pública danesa entre 2010 y 2013 y que acaba de llegar a España. La crítica la sitúa a la altura de clásicos como House of Cards o El Ala Oeste de la Casa Blanca.  Aunque algunos episodios comienzan con una cita de Maquiavelo, los personajes principales guardan más relación con el universo de Aaron Sorkin. Así nos metemos en la vida de Birgitte Nyborg, una primera ministra idealista y moderada, cuyas ideas recuerdan a Bartlet y en la de Katrine Fønsmark, una periodista de raza que encajaría perfectamente en la redacción de Will McAvoy. Y pivotando entre ambas se sitúa Kasper Juul, un asesor político al que lo mismo vemos corriendo mientras escucha un discurso de Kennedy que defendiendo sus filtraciones delante de los micrófonos.

La serie, ambientada en el castillo de Christianborg, guarda una curiosa semejanza con la realidad ya que desde octubre de 2011  Dinamarca cuenta por primera vez con una mujer como primera ministra, aunque Helle Thorning-Schmidt es socialdemócrata y Birgitte Nyborg se sitúa en el centro político.

Al tratarse de una serie occidental, nos encontramos con una buena oportunidad para conocer a fondo el funcionamiento de una democracia del Norte de Europa, consideradas como un ejemplo. Su emisión en España ha coincidido en el tiempo con la publicación del informe anual de Transparencia Internacional que sitúa a Dinamarca como el país con menor índice de corrupción por lo que también es interesante ver si las bambalinas de la alta política son tan limpias como indica este termómetro. La realidad que retrata Borgen es que las luchas de poder en política son patrimonio universal, como vemos desde su primer episodio. También se abordan otros temas que centran la acción de  gobierno como la crisis económica, igualdad de género o la política exterior, tratados desde un punto de vista europeo.

Por último, la serie también incide en otro aspecto de la política: la dificultad de conjugar la vida personal con un ritmo de vida trepidante. A través de la familia de la primera ministra, comprobamos cómo Nyborg es cada vez más primera ministra y menos Birgitte. Una evolución que la hará cada vez más irreconocible a medida que se aferra al poder.

Fernando Cuñado es periodista y asesor de comunicación. Escribe en Qué haría Leo
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